Con la llegada de las vacaciones estivales, termina el curso geopolítico y también el político propiamente español. Ambos se encuentran mucho más relacionados de lo que parece. Las trompadas y bandazos dados por Donald J. Trump sobre el mapa mundial, señaladamente en el Medio Oriente y en Europa, repercuten por doquier: aquí en España los venimos sufriendo porque él es el principal causante de que no podamos disfrutar del momento dulce que viven la economía y la sociedad españolas, con cuotas de empleo, de afiliación a la seguridad social, con alzas salariales, de pensiones, de derechos cívicos y de bienestar, inéditas durante décadas. Que se lo digan también a los bancos. Claro que, como vivimos en un sistema de “libre mercado capitalista”, donde prima el beneficio privado de constructores e inmobiliarios sobre el bien público y social, la vivienda se torna inaccesible para los jóvenes, como nos pasó a nosotros otrora. Si se organizasen mejor, dicen los veteranos, tal vez los jóvenes lograrían detener tanta opresión vivencial como la que padecen.
Aquel tipo neoyorquino del tupé rubio, tan mal encarado como arrogante, amaga con hundir sectores enteros de las exportaciones españolas, desde la aceituna al jamón, mediante aranceles que, de ser palancas meramente fiscales, él ha convertido en armas geopolíticas coactivas para el chantaje y la impostura. Rezuma una aversión cainita contra Pedro Sánchez porque el madrileño tuvo el coraje de impedirle usar las bases de Rota y Morón en una guerra tan ilegal como la que, de la mano de su pupilo, el genocida Benjamín Nethanyahu, emprendió el 28 de enero de este año contra Irán que ahora dice haber acabado, después de haberle consentido al israelí que arrasara criminalmente Gaza durante más de tres años, segando la vida de decenas de miles de niños indefensos. Tampoco perdona Trump a Sánchez que denunciara la agresión israelí contra el pueblo palestino. Ni admite que su denuncia fuera premonitoria de la arrogancia de Nethanyahu que está provocando que los lazos que éste mantenía con Trump se estén resquebrajando de forma inquietante para Israel, por su cerrazón obsesiva por destruir el Líbano. Le saca de quicio que España anteponga la prioridad en torno a los presupuestos sociales por sobre el 5% del PIB exigido por Trump para enriquecer al complejo militar industrial de su país comprándole directamente armas.
Por todo ello y para incordiar más todavía, una agencia de información (espionaje) estadounidense, HSI, teledirigida desde Washington, se dedica a intervenir ilegalmente teléfonos de ciudadanos españoles. Luego, brinda esos registros ilegales a magistrados españoles para ver si cuela y si con esos indicios se fabrican pruebas. El caso es que buena parte de la corporación judicial española, creyéndose depositaria de una Razón de Estado que no le pertenece, por su cuenta y riesgo pone en marcha indicios y barruntos calificados ya de antemano como irrefutables por una policía judicial cuyo deber es describir, no calificar ni, mucho menos, juzgar.
Todo ello, a la larga y visto en conjunto, parece ajustado al propósito de vengar procesalmente el desaire sufrido por el dictador del rubio tupé mediante una ofensiva por tierra, mar y aire, desde fuera y desde dentro de España, contra un Poder Ejecutivo legítimo al que desde hace siete años, tanto togado niega legitimidad para gobernar, boicoteando como hizo una amnistía que, curiosamente, ha pacificado Cataluña, mientras, por otra parte, se dedican a callar ante el montaje, con meros indicios o pruebas ilegalmente obtenidas, de procesos penales ad hominem, dudosamente no prevaricantes, contra el jefe del Gobierno, su familia más, si se tercia, el Consejo de Ministros en pleno y el mismísimo Banco de España; eso sí, mientras esa corporación de togados olvida o deja olvidar procesar, hace prescribir o dilata el procesamiento de delincuentes convictos de anteriores Gobiernos o novios comisionistas del esperpento regional. Se conoce que hay magistrados que ignoran o “inadmiten”, verbo que tanto les gusta emplear, que en España gobierna quien obtiene mayoría parlamentaria, no coincidente necesariamente con mayoría electoral, como es el presente caso.
Ahora estamos en otra de las movidas de la indefinible justicia española. Resulta que las joyas halladas en la caja fuerte del expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, junto con abalorios familiares, son “tasadas” por una joyería que enjoyó las condecoraciones de las Brigadas Navarras del general fascista Emilio Mola, y también, larga y duraderamente, ni más ni menos que las de la Comunión Tradicionalista, esa corriente ultramontana y reaccionaria que hace ondear la bandera blanca con las rojas aspas de San Andrés y que figura en todas las manifestaciones de la extrema derecha y la derecha extrema incluso frente a la sede del PSOE en la madrileña calle de Ferraz. Qué casualidad. Al parecer, se ha contado también, con el dictamen, no vinculante, claro, del Instituto Gemológico, entidad presidida durante años por Luis Eduardo Cortés, ex presidente del PP de Madrid hasta 1989, ex vicepresidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, consejero de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes del Gobierno autonómico, ex diputado nacional y regional y concejal del Partido Popular en el Consistorio municipal madrileño. Fue entonces cuando, según se supo años ha, en las Redacciones de Local de los medios de Prensa, justo en el portal de su casa, el Ayuntamiento de Madrid construyó un estacionamiento subterráneo para residentes, venciendo con un elevado presupuesto público los destrozos causados por las escorrentías surgidas de un parque cercano. Luis Eduardo era hijo y heredero de Clodoaldo Cortés, dueño de un estupendo restaurante emblemático de la Transición y de muchos tenedores, donde bajo las mesas de sus comedores no solo había pegados chicles bazoka, según comentaron entonces algunos comensales de la clase política. Luis Eduardo fue imputado y su caso sobreseído en uno de los numerosos episodios concernientes al PP, el denominado caso Lezo. Empero, reconocen algunas fuentes, sus realizaciones relativas a vivienda, carreteras y urbanismo fueron notorias durante sus prolongados mandatos.
Como cabe ver, no hay anomalías ni apenas irregularidades en las instrucciones procesales de nuestro país. Tampoco hay lawfare, qué va. Son inventos de los enemigos de España. En serio, enemigos de España, enemigos de verdad, parecen serlo más bien aquellos que son incapaces de denunciar la cadena de amenazas de agresiones arancelarias que puede poner en jaque al campo español, a las exportaciones de alimentos, incluso a los ganaderos de los abrigos loden y gorrito de fieltro con plumita de perdiz, nuestros apreciados patriotas de la pulserita. No solo no denuncian al matón transatlántico que exige expulsar a España de la OTAN, cuando no pude hacerlo sin el Gobierno no lo autoriza, y avalan su apoyo al genocida contra Palestina, sino que, además, avalan su política racista contra los migrantes, a los que una de sus seguidoras más entregadas de por aquí quiere desproveer, incluso, de la tarjeta de abono-transporte…Tuvieron el cuajo de aplaudir, presuntamente a rabiar, a León XIV cuando, en su reciente viaje a España, les denunciaba directamente por su inhumanidad.
Veamos, no obstante, qué hay de punible en la conducta gubernamental. De momento, ni Ábalos, ni Rodríguez Zapatero ni Cerdán, pertenecen al Gobierno. Los dos últimos, llevaron a cabo negociaciones políticas oficiales con el partido independentista Junts. ¡Anatema, anatema!, gritan algunos de los togados patrimonializantes de la Razón de Estado. Parecen desconocer que se trata de un partido legal y además, legalizado. Parece probado que Ábalos y Zapatero conversaron con dirigentes estatales de Venezuela, Estado de la comunidad iberoamericana al que el gigante rubio del Norte secuestró a punta de metralleta a su presidente Nicolás Maduro, matado a más de ochenta personas, y desde tiempos de Barak Obama, hostigó anhelando quedarse con su petróleo y sus minerales estratégicos, como parece que ha conseguido ahora tras desplegar 150 aeronaves de guerra sobre el cielo de Venezuela durante el secuestro de Maduro.
El país hermano, donde tantos canarios, vascos y gallegos viven y vivieron, llevaba años con el veto estadounidense que le impedía comerciar siquiera para adquirir alimentos, fármacos e impidiéndole todo tipo de gestión internacional, amén del bloqueo de fondos en bancos extranjeros y todo un rosario de sevicias geopolíticas y financieras inadmisibles por totalitarias. Incluso 31 toneladas del oro venezolano fueron y siguen incautadas por el Gobierno de su Graciosa Majestad británica.
Resulta presumible que el Estado español, que es una estancia superior al Gobierno de coalición, solicitara a Rodríguez Zapatero, por su ascendiente político, y en su día a Ábalos, entonces ministro, que escucharan las peticiones venezolanas para salir, con la ayuda estatal española, de la asfixia dictatorial impuesta por la Casa Blanca. ¿Hubo gestiones estatales necesarias y de ese tipo en ambos casos o nuevamente el silencio va a sepultar la posibilidad de que exista en España una pedagogía política? Si así fuera, como todo lo indica, ¿a qué viene la patulea judicial al respecto? ¿Qué pasa, que Franco no toleró en su día que Manuel Fraga viajara a Cuba para, so capa de coqueteo galaico, ayudar a Fidel contra la zarpa de Washington y desanduviera el visceral comportamiento, inadmisible en un diplomático como el propio Franco lo tildó, mostrado por el locuaz embajador Juan Pablo de Lojendio? ¿Es que un Estado soberano, España, no tiene autonomía para comerciar con Venezuela, con China o las islas Feroe? ¿Debe plegarse a lo que exijae el titular de turno de la Casa Blanca? Ya está bien de tanta tutela. Estamos dolorosamente hartos de tanta injerencia.
Estados Unidos se aleja de Europa a pasos agigantados, así lo subraya el tal Peter Hegseth, jefe del Pentágono, voz de su amo Donald Trump; pero ambos, que abominan de la OTAN que ellos mismos crearon, parecen desconocer que cuanto más se alejen del Viejo Continente, su peana superpotencial más se verá erosionada. Son gajes del oficio. Si se marchan, nos apañaremos. Si dejamos de regalar al tirano camisetas de la selección alemana de fútbol y le hacemos un corte de mangas cuando acude tardíamente a la cumbre del G-7 en Évian y espeta “soy aquí el jefe”, podrá Europa avanzar en su unidad federal y movilizar su ascendiente institucional, diplomático, económico, cultural y militar, y devenir en árbitro activo de los conflictos, incluso armados, que Washington parece querer desencadenar contra China, por considerarlos, erróneamente, irreversibles. La paz exige todos los esfuerzos concebibles, hoy más que nunca.
Por nuestros lares, la formación política –y social- de muchos togados de este país deja mucho que desear. No solo la de los togados, sino también la de altos cargos de las distintas Administraciones y empresas, banqueros y algunas jerarquías católicas que no entendieron el mensaje ínsito en la visita papal a España, atendiendo, por cierto, a una invitación estatal, canalizada por el Gobierno y gestionada por el ministro Bolaños, el mismo que con suma desenvoltura, sacó al dictador de su faraónico sepulcro.
Es inadmisible que personas con proyección social y poder, como los cuadros descritos, nieguen la presumible y legítima acción estatal y desplieguen su cerrazón y su ignorancia dañando con su obsesión reaccionaria la democracia española. Les preocupa más que unas joyas, tasadas de aquella manera, surjan tras un registro precipitado, que veamos en qué queda, que parar los pies al dictador de la nueva era ayudando sumisamente a quien tan arrogante y cruelmente escarnece, como lo ha hecho contra el pueblo, el Gobierno y el Estado de Venezuela, hermano en la comunidad iberoamericana de naciones.