Europa está atravesando una crisis sanitaria y climática sin precedentes, con temperaturas que superan los 40°C en regiones no habituadas a estos registros. Según la Organización Mundial de la Salud, este rápido aumento térmico está teniendo consecuencias devastadoras, habiéndose estimado más de 200.000 muertes relacionadas con el calor en el continente durante los últimos cuatro años, una cifra impulsada por olas cada vez más frecuentes e intensas.
El mes de junio de 2026 se ha consolidado como el segundo más cálido registrado, destacando especialmente la situación en Europa occidental, donde la media térmica fue 3,05°C superior al promedio habitual. Este fenómeno, caracterizado como un «domo de calor» de alta presión, ha dejado al descubierto la falta de preparación de las infraestructuras y servicios públicos para afrontar noches tropicales y jornadas de calor sofocante.
En España, la situación ha sido crítica, con la segunda ola de calor de la temporada provocando al menos 463 muertes en apenas unos días, superando los registros del episodio anterior de finales de junio. Este patrón de mortalidad se repite en otros países, donde el calor, combinado con enfermedades preexistentes en personas mayores, ha provocado un exceso de defunciones que rara vez queda reflejado explícitamente en los certificados médicos.
Alemania ha vivido episodios históricos con temperaturas de hasta 41,7°C, reportando más de 4.300 fallecimientos solo en la última semana de junio. De igual manera, Francia ha contabilizado un incremento del 29% en la mortalidad esperada, superando las 2.000 muertes adicionales, mientras que las autoridades han tenido que declarar situaciones de emergencia ante la proliferación de cientos de incendios simultáneos.
Bélgica y los Países Bajos también han reportado excesos de mortalidad sin precedentes, con más de 1.700 y 480 muertes adicionales respectivamente. En estos países, la inusual duración de las temperaturas extremas, que dificultaron cualquier alivio térmico incluso durante las horas nocturnas, puso a los sistemas de salud bajo una presión extrema, obligando a suspender eventos y activar alertas de máximo nivel.
Finalmente, el Reino Unido ha batido récords históricos de calor, alcanzando los 37,7°C en zonas donde tales cifras eran impensables hace años. Los datos reflejan no solo un impacto en la mortalidad, sino una crisis de bienestar general: millones de personas reportan problemas de salud graves, insomnio prolongado y dificultades para sobrellevar un verano que, según los expertos, es un claro indicador del calentamiento global antropogénico.