En su ópera prima, Viva, Aina Clotet narra la historia de Nora, una científica que, tras superar un cáncer de mama, se enfrenta a una profunda crisis vital. La cineasta explica que la película va más allá de la enfermedad para adentrarse en las «dependencias del amor romántico» y la fragilidad humana.
«Para mí estar viva es lidiar cada día con los miedos y pasiones», asegura Clotet, quien utiliza el relato para mostrar cómo las experiencias traumáticas nos obligan a reevaluar nuestras prioridades: «Las enfermedades y el cáncer nos recuerdan nuestra condición de mortales y la impermanencia».
Uno de los pilares del filme es la visibilidad sin complejos de las secuelas físicas. Clotet ha trabajado minuciosamente para mostrar la mastectomía de su personaje, buscando devolverle al cuerpo la oportunidad de «ocupar un espacio de belleza» y plenitud.
Al respecto, la directora afirma que «un cuerpo no normativo tiene todas las posibilidades de volver a vivir plenamente su deseo», defendiendo así la idea de que la «doble cicatriz» —tanto física como emocional— no impide la recuperación del goce vital.
La película, que le valió el premio revelación en la Semana de la Crítica de Cannes, también invita a reflexionar sobre la gestión de nuestras vulnerabilidades.
La autora defiende la importancia de normalizar el diálogo sobre enfermedades graves, ya que «hablar de ello y tener clara esta condición impermanente nos puede acercar más a las personas y hacernos más empáticos». Para Clotet, este ejercicio de honestidad es fundamental frente a una sociedad que a menudo prefiere ignorar lo que no puede planificar.
«Todos tenemos miedo. Las enfermedades y el cáncer nos recuerdan nuestra condición de mortales y la impermanencia. Nos sacuden y nos cuestionan», sostiene.
Finalmente, Clotet reconoce que el proceso creativo de este largometraje ha sido un ejercicio de resiliencia ante la incertidumbre. Pese a confesar que en muchas fases del rodaje sintió miedo de «estamparse», concluye que el valor real residió en el camino recorrido.
«Cuando presenté la película en Cannes para mí era un sueño, pero realmente lo que más feliz me hacía era mirar atrás y ver que el camino de haber hecho esta película había sido precioso y había tenido mucho sentido», reflexiona.