Woody, Buzz Lightyear y el resto de los juguetes vuelven a los cines este miércoles 17 de junio con Toy Story 5, una cinta dirigida por Andrew Stanton que pone el foco en cómo la tecnología compite por la atención infantil.
Lejos de ser un filme que demonice las pantallas, sus creadores subrayan que el objetivo es reflexionar sobre nuestra convivencia con ellas. «Queríamos ser honestos a la hora de abordar este tema, de mostrar lo complicada que es nuestra relación con la tecnología hoy en día», explica la productora Lindsey Collins.
La película integra a los dispositivos móviles como un elemento más de la trama, evitando convertirlos en villanos simplistas. Para Pete Docter, director creativo de Pixar, esta dualidad refleja nuestra propia dependencia actual: «Nosotros creamos tecnología y hay la sensación de que ahora somos esclavos de ella». De este modo, la historia busca abrir un debate honesto y lleno de matices sobre cómo los dispositivos ocupan el tiempo de los niños y alteran las dinámicas de juego tradicionales.
Más allá del conflicto digital, Toy Story 5 se alza como un firme alegato a favor del aburrimiento como motor de la creatividad. Collins destaca que, al tener estímulos constantes que compiten por su atención, los niños han perdido espacios que antes permitían el despliegue de la imaginación.
Además, el filme reivindica el derecho a equivocarse, recordando que «la única forma de aprender es cometiendo errores», algo esencial para que los personajes —y los espectadores— crezcan y entiendan mejor el mundo.
El equipo de Pixar reafirma su filosofía de cara al futuro ante el auge de la inteligencia artificial. Aunque el estudio es, en esencia, una empresa tecnológica, sus responsables insisten en que el artista debe seguir siendo el centro de todo proceso creativo.
«La tecnología solo proporciona lo que necesitamos para que el artista consiga lo que quiere», asegura Collins, subrayando que la magia de Pixar reside, precisamente, en el proceso humano de contar historias.