La Policía Nacional ha detenido a un varón marroquí que fue sorprendido in fraganti mientras intentaba sustraer perfumes en un establecimiento comercial de la calle Fuencarral, en el centro de Madrid.
Los hechos ocurrieron en la tarde del pasado 2 de junio de 2026, cuando el individuo fue retenido por el personal de seguridad del establecimiento tras un forcejeo durante el cual esgrimía a voces que le dejasen en paz porque sufría de sarca y que si no le hacían caso les tocaría y les contagiaría de la enfermedad.
Este argumento le dio éxito en muchos de los robos que se le atribuyen, pues las víctimas preferían darle lo que pidiese con tal de que no se acercase a ellas, pero no le sirvió para su último robo en una perfumería.
Agentes policiales, llamados por la dueña, que antes les contó las amenazas sobre el contagio de su sarna que profería el delincuente, esta vez, provisto de protección lograron detenerle.
Como también a ellos les amenazó con pegarles la sarna, le llevaron como pudieron, tratando de evitar en la medida de lo posible el cuerpo a cuerpo, y tras ser informado de que estaban ante el delincuente habitual del que se había tenido noticias en los últimos meses por otros robos, a un hospital, que certificó que efectivamente sus ronchas eran fruto de la sarna.
La sarna es un ácaro muy pequeño, de ocho patas y cuerpo orondo, que genera en la piel surcos, ampollas e incluso burbujas infectadas. Y ponen huevos en el cuerpo. Ciertamente es contagiosa: se transmite por el contacto piel a piel con una persona infectada. La sarna es una enfermedad que en la antigüedad hizo destrozos sociales. Hoy se cura, pero la lucha contra el ácaro puede ser larga.
Casi con ese estigma se asientan aun hoy, desde hace años, casos de otra enfermedad, bíblica, en algunos pequeños municipios de la provincia de Jaén. Una contundente actuación sanitaria logró contenerla hace varias décadas, pero a veces surge algún brote.
Según fuentes jurídicas, el caso de este joven marroquí que esgrimía su sarna para ahuyentar a víctimas y captores, se desató cuando el personal de un gran establecimiento del centro de Madrid lo vio introduciendo varios perfumes en el interior de su ropa, en una bota.
La colonia valía 216,80 euros. Al ser requerido por los vigilantes de seguridad, el sospechoso reaccionó de manera agresiva, profiriendo insultos y empujando a los empleados con el fin de abandonar el lugar.
Y avisándoles de que tenía sarna para que le dejaran huir. En otras ocasiones, esta treta le surtió efecto. Y evitaba ser detenido.
En esta ocasión, la situación de tensión obligó a la intervención de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Tras recibir el aviso, varios agentes se personaron en el punto, procediendo a su detención por un delito de robo con fuerza.
Fue conducido a la comisaría. Y después puesto a disposición de los juzgados de la plaza de Castilla, que le han encausado, pero no ha ingresado en prisión.
Durante el proceso, se informó al juez de que el detenido necesitaba asistencia médica y medidas de control sanitario debido a que padece sarna (escabiosis), lo que luego fue debidamente certificada por los servicios médicos.
En los traslado se adoptaron todas las medidas de seguridad. A veces hay que raspar la piel para erradicar este ácaro, que pica a su víctima y es de fácil propagación y costosa eliminación.