El Día de la Madre es una de las celebraciones más universales, aunque su fecha y significado han evolucionado drásticamente. En España, cada primer domingo de mayo, los hijos rinden homenaje a sus progenitoras, pero para llegar a este punto la historia ha transitado por civilizaciones antiguas, dogmas religiosos y movimientos sociales que buscaban dignificar la figura materna.
Los primeros indicios de esta conmemoración se encuentran en el Antiguo Egipto con el culto a la diosa Isis, considerada la Gran diosa madre. Siglos más tarde, la Antigua Grecia adoptó tradiciones similares para honrar a Rea, madre de los dioses del Olimpo, mientras que en el Imperio Romano se realizaban ofrendas florales durante tres días en honor a la diosa Cibeles.

Con la llegada del catolicismo a Europa, el enfoque cambió hacia la figura de la Virgen María. Sin embargo, no fue hasta mediados del siglo XIX cuando el Papa Pío IX oficializó la festividad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre. Durante mucho tiempo, esta fecha religiosa fue la referencia principal para celebrar la maternidad en el continente europeo.

El giro hacia la celebración moderna ocurrió en Estados Unidos a principios del siglo XX gracias a figuras como Julia Ward Howe y Anna Reeves Jarvis. Esta última impulsó una campaña nacional para reconocer el sacrificio de las madres, logrando que en 1914 el presidente Woodrow Wilson declarara oficialmente el segundo domingo de mayo como el Día de la Madre en todo el país.

En el caso específico de España, la tradición estuvo ligada durante siglos al 8 de diciembre. Existen registros desde el año 1330 en Gerona sobre cultos a la Inmaculada, y desde 1644 se estableció como fiesta de guardar. Durante décadas, los españoles celebraron el día de sus madres coincidiendo con esta festividad religiosa del calendario invernal.

Finalmente, en 1965, España decidió separar ambas celebraciones y trasladó el Día de la Madre al primer domingo de mayo. La elección de este mes no fue aleatoria, ya que mayo es tradicionalmente el mes consagrado a la Virgen María y simboliza el renacimiento de la naturaleza, consolidándose así como la fecha que hoy conocemos para celebrar el papel fundamental de las madres.