El mes de las flores, con sus rosas, capullos y madreselvas, se establece entre perfumes y primaveras deseadas con los horizontes ya puestos en las vacaciones de verano. San José Obrero lo inicia llenando nuevamente de virutas la global carpintería.
El primero de mayo, los sindicatos piden trabajo, no para ellos, que les va bien en su poltrona, sino para los que aún mantienen la esperanza de ver que, si algún día lo consiguen, puedan dar la entrada en el alquiler de un piso. Se ponen de acuerdo con el Gobierno que les apoya y acaudala, buscan un lema y… a las avenidas de las grandes ciudades con el frenesí de sus llantos sostenidos.
Muchos ministros de este a Gerencia les han acompañado este 2026 en un ataque de honestidad para decirles a los españoles que también ellos están quejosos de lo que no han podido conseguir, a pesar de su esfuerzo, que, como ya se ve, no dio resultados: en el Ministerio de Trabajo, más paro; en el de Vivienda, ni un piso… Y así. Homenaje merecen tantos ministros por echarle valor, en primera línea de las multitudes, y confesar su incapacidad de cumplir con sus promesas. Es decir, que fueron unos inútiles.
Pedro Villarejo