En conversación de amigos se contaba el chiste de un anciano con más de ochenta años que una mañana se levantó decidido a matar a su mujer, de parecida edad. Cuando tuvo que declarar ante el juez, éste le preguntó por qué había cometido semejante crimen ya a esa edad. El uxoricida, sin tener otra respuesta a mano más convincente, le contestó: Y… lo fui dejando. Lo fui dejando.
Le han suspendido el juicio, por juicio suspendido, al más honorable y longevo político de Cataluña, que despreciaba al resto de los españoles porque se encontraba bajito y acomplejado. Era inteligente y guiñaba los ojos en un tic de ambivalencias perdurables.
Los supuestos delitos que cometiera, al parecer no tan supuestos, al amparo del abuelo Florenci, fueron sellados durante muchos años en carpetas olvidadas, argumentando que faltaban urdimbres para un análisis con desembocadura de juicio. Y… lo fueron dejando, dejando hasta que el honorable ha perdido la memoria y los demás el pudor de no haber tomado “determinadas determinaciones” a su tiempo.
¡Nada florece en los armarios!