“Escuelas de maldad regentadas por los hombres más abominables y perversos del estado.” José María Gutiérrez Práctica criminal de España Madrid 1804
Va entrando en materia el Magistrado-Juez D. Ramón Vilar Badía en su ponencia sobre los traslados de los presos para dejar más abajo todavía, si cabe, a la Dirección General de Instituciones Penitenciarias de aquél entonces. ¡Bueno! Y a la de ahora, porque todo sigue igual.
Comienza denunciando la falta de información que recibe el preso por parte de la cárcel, por parte del Jurista, que es quien debe asesorar al preso. De tal manera que muchas peticiones de traslado se dirigen al juzgado de vigilancia, cuando el órgano competente es la Dirección General a petición de la Junta de Tratamiento que es la que primero tiene que estudiar el asunto. Lo que conlleva retrasos y lógicamente el cabreo del preso.
Denuncia también este Magistrado-Juez, el reducido número de peticiones atendidas por la Dirección General y muchas menos las concedidas. Y ello lo atribuye el autor de la ponencia a varias causas: “Exigencias derivadas de la clasificación de los establecimientos penitenciarios existentes en el país y del grado de tratamiento del interno, limitado, número de establecimiento de primer grado, de jóvenes, de mujeres y de centros especiales y, finalmente, falta de capacidad de los centros de cumplimiento de segundo grado.”
“Las excusas son como los culos, todo el mundo tiene uno.” La Dirección General alega que no hay plazas, cuando la Ley le obliga a que se creen dichas plazas. Pero como siempre, en este país, primero se modifican las leyes y después, al cabo de los años, cuando se ve la mierda que se ha hecho, se dota presupuestariamente para intentar arreglarlo, tarde y mal. Salvo cuando hablamos de las “feminazis”. Esas sí tienen presupuesto de sobra para gastar con sus amiguitas.
Este Magistrado-Juez detalla los datos de su Comunidad Autónoma y dice así:
“Por citar datos que conozco personalmente, de los tres centros de cumplimiento ordinario, situados en el territorio de mi jurisdicción (el cuarto es de preventivos) en el centro penitenciario de Teruel solo el 15% de los reclusos son residentes en la comunidad autónoma de Aragón, el 59% de los del centro de Huesca y el 21 % de los del centro de Daroca. El resto de los peinados son originarios de otras comunidades autónomas.
Esta es una más de las vulneraciones de derechos de los presos, de la falta de interés por hacer que la ley se cumpla. Y se lo vuelvo a decir a todas esas personas que escriben en los comentarios sobre los derechos de las víctimas: Si la ley otorga un derecho, ese derecho hay que respetarlo. Si piensas que los presos no deben tener ningún derecho, una opinión muy respetable, obra en consecuencia, vota a los partidos políticos que estén a favor de borrar la firma de España de la Declaración de Derechos de la ONU, la de la UE y de todos los tratados en los cuales se considere personas o seres humanos a los presos. En caso contrario, que se cumpla la ley.
Recuerdo cuando estaba en el primer año de la Academia General Básica de Suboficiales del Ejército de Tierra, en Talarn, Lérida, allá por el curso 82-83. Había un teniente que venía a pasarnos revista para salir de paseo montado en una moto de monte, una Montesa. Traía los pantalones llenos de goterones de grasa, y te exigía a ti que tuvieras el uniforme inmaculado y la raya del pantalón perfecta, en caso contrario no salías y además pasabas arrestado.
En la cárcel pasa lo mismo. Te condenan por no respetar las leyes y quieren hacer creer al mundo que allí adentro te van a enseñar a hacerlo. Y lo único que consigue la cárcel es todo lo contrario. Y no lo digo yo. Lo dice el Magistrado-Juez en su ponencia:
“Pero es que, además, la institución carcelaria no solo no es capaz de recomponer la vida personal y social del recluso(las cifras de reincidencias son muy elocuentes al respecto) sino que, muy al contrario, el encierro penitenciario produce unas consecuencias perniciosas en su personalidad, que repercuten negativamente de modo inexorable en la vida post carcelaria, pues las exigencias penitenciarias del cumplimiento de la pena privativa de libertad, provocan la despersonalización del sujeto, la eliminación de la singularidad y la pérdida de su identidad, debido a ciertas técnicas como las siguientes: en aislamiento, que genera sentimientos de soledad y angustia vital; el afinamiento; la violación constante de la intimidad; las relaciones personales conflictivas, con frecuentes amenazas, humillaciones y extorsiones; las prácticas degradantes de la personalidad, como los desnudos en cacheos, o la formación en los recuentos. Todo ello lleva a un proceso de infantilización y de pérdida del rol de adulto, creando un sentimiento de dependencia absoluta en un clima de tensión permanente, en el que las relaciones interpersonales son autoritarias, jerárquicas y, en ocasiones, violentas.”
Menos mal que algún Magistrado-Juez pone por escrito parte de la verdad de lo que ocurre dentro de la prisión. De los abusos, de la falta de tratamiento o de la mentira del tratamiento, de la falta de interés de nuestros políticos por todo aquello que no sea ganar votos para seguir en la poltrona y por supuesto seguir robando a manos llenas todo lo que puedan.
Vivimos en un país de “cabra y pandereta” en un país cuyos políticos se escandalizan cuando han visto Torrente presidente, pero tan solo de cara a la galería, ya que en su fuero interno se dan cuenta que esa película es fiel reflejo de lo que pasa puertas adentro de nuestros políticos.
Creo que fue en Islandia, donde metieron en la cárcel a los directivos de los bancos y a los políticos de turno cuando vino la crisis sobre el 2011. No hubo rescate para los grandes, sino para el ciudadano. En España eso es inviable. Al ciudadano que le den. Rescatamos a los grandes, que son los que reparten los sobres.
Continuará.
Alfonso Pazos Fernández
Real como la vida misma.
Gracias Alfonso
Magnífico artículo. La política penitenciaria y toda la concepción de la pena de reclusión necesita salir de la edad media y adaptarse al siglo XXI.