Este viernes 17 de abril se estrena en cines la esperada revisión de Mi querida señorita, el clásico de 1972 que desafió al franquismo abordando la intersexualidad. Bajo la dirección de Fernando González Molina y con la producción de Los Javis, esta nueva versión nace con la vocación de «iluminar las sombras» del filme original, que debido a la censura de su época estaba «construido en torno a un montón de silencios». Para garantizar la autenticidad del relato, la producción apostó por la debutante Elisabeth Martínez, una actriz intersexual que reivindica su derecho a narrar su propia realidad: «Yo puedo hablar de ser intersex siendo intersex».
El reparto, que incluye a Paco León, Anna Castillo y Lola Rodríguez, ha aprovechado la presentación para mostrar su preocupación ante el auge de corrientes reaccionarias entre la juventud. Frente a las encuestas que indican que un 20% de los jóvenes españoles blanquean la dictadura, Paco León prefiere mantener la esperanza en el sentido común: «Confío en que en general hay gente con sentido común y en que el amor y todo esto gane», ha declarado. Por su parte, la guionista Alana S. Portero ha querido poner el foco en la mayoría silenciosa, afirmando que, frente al 30% que apoya discursos de odio, a ella le «interesa el otro 70».
La protagonista, Elisabeth Martínez, ha sido tajante al analizar la proliferación de narrativas ultraconservadoras, calificándolas directamente de manual fascista: «Se llama fascismo. Pon un enemigo común, señálalo, ellos contra nosotros». En esta misma línea, Lola Rodríguez ha expresado el temor que siente la comunidad LGTBI al verse en un «punto de mira» constante que carece de sentido. «Que haya odio a personas solamente por existir me parece que es un fracaso de sociedad», ha lamentado la actriz, advirtiendo de que el clima político actual recuerda peligrosamente a tiempos pasados.
La cinta no solo busca entretener, sino también denunciar la desinformación sobre la realidad trans e intersexual. Anna Castillo ha calificado de «terrible» y «preocupante» que figuras con voz pública nieguen el sufrimiento de este colectivo, un sentimiento compartido por González Molina, quien recalca que encontrar a una protagonista intersexual fue clave para visibilizar correctamente al colectivo. El equipo ha coincidido unánimemente en la necesidad de blindar legalmente los derechos LGTBI frente a posibles retrocesos políticos: «Es fundamental bloquear derechos que nos afectan en nuestra propia esencia», sentencia el director.
Rodada en escenarios que refuerzan la red de apoyo de la protagonista, esta nueva Mi querida señorita llega a las salas como un acto de resistencia cultural antes de su salto a Netflix. Con un reparto que incluye a figuras como María Galiana y Eneko Sagardoy, la película se presenta como una herramienta necesaria para combatir lo que Portero denomina un «movimiento reaccionario». La obra pretende ser, en definitiva, un refugio de diversidad y un recordatorio de que, a pesar de los ciclos políticos, la convivencia y la normalización de todas las identidades deben ser el motor que haga avanzar a la sociedad.