El Museo del Prado ha inaugurado este lunes una exposición que analiza el impacto revolucionario de la fotografía en la identidad artística durante el siglo XIX y principios del XX. Bajo el título El universo del artista ante la cámara, la muestra ofrece un recorrido visual por los talleres, procesos creativos y retratos de figuras icónicas, explorando cómo la lente transformó el estudio en un espacio de valor simbólico. La exposición, disponible hasta el 5 de julio de 2026, consolida la apuesta de la pinacoteca por integrar la fotografía en su discurso histórico.
Integrada en el programa Almacén abierto, la exhibición se nutre principalmente de archivos personales de grandes nombres como los Madrazo, Cecilio Pla o Miguel Blay. Este proyecto permite al espectador asomarse a la realidad del creador en escenarios que van desde el mítico atelier de Mariano Fortuny en Roma hasta el Real Alcázar de Sevilla. Según destaca el museo, la selección incluye tanto obras de profesionales consagrados como imágenes de carácter amateur que capturan la cotidianidad del aprendizaje y la enseñanza en el taller.
Un aspecto fundamental de la muestra es la reivindicación de la presencia femenina en los espacios de creación. A través de la cámara, se documenta la labor de artistas como María Luisa de la Riva en su estudio de París o Fernanda Francés, además de visibilizar a las alumnas de Cecilio Pla. Estas imágenes no solo proyectan una imagen pública de la mujer artista, sino que documentan su papel activo en un ámbito tradicionalmente masculinizado, ofreciendo una perspectiva más inclusiva del panorama artístico de la época.
El recorrido también funciona como una cronología material de la técnica fotográfica, permitiendo observar la evolución de los soportes desde mediados del siglo XIX. El visitante podrá apreciar desde los primitivos papeles albuminados y los populares formatos carte de visite hasta procedimientos más avanzados como el platinotipo, el ferrotipo o los primeros autocromos. Esta diversidad técnica dialoga con las piezas expuestas, mostrando cómo los cambios tecnológicos redefinieron la estética con la que los artistas proyectaban su imagen al mundo.
Entre las piezas más destacadas se encuentran documentos visuales de gran valor histórico, como el proceso de modelado del frontón de la Biblioteca Nacional por Agustín Querol o la escena de Mariano Benlliure junto a Federico García Sanchiz. La muestra concluye demostrando que la fotografía no fue solo una herramienta de registro, sino un motor de cambio que permitió a los artistas construir y documentar su propio mito, convirtiendo cada fase de la creación en una memoria compartida que llega hoy hasta el público del Prado.