El cineasta Joaquín Mazón regresa este viernes 17 de abril a la gran pantalla con La familia Benetón +2, una secuela que busca consolidar el éxito de su predecesora, que fue la quinta cinta española más taquillera de 2024. Protagonizada de nuevo por Leo Harlem y El Langui, el director aprovecha este lanzamiento para defender una mayor autonomía artística frente a las imposiciones del mercado. «Hemos pasado una época en la que casi todos hacíamos las cosas para intentar agradar al espectador y ahora estamos haciendo lo que queremos y eso se ve en el resultado», asegura Mazón, subrayando que el público actual demanda frescura y autenticidad.
Pese a la coincidencia en cartelera con el fenómeno de Torrente presidente, el equipo no teme la competencia, especialmente al ser Santiago Segura productor de esta entrega. Para Mazón, la coexistencia de diferentes propuestas es un síntoma de salud para la industria nacional: «No hay rivales en la taquilla. Yo estoy feliz de los datos de ‘Torrente presidente’ y espero que siga bien arriba», señala, convencido de que «hay público y género para todos los gustos». El objetivo de esta nueva entrega es elevar la apuesta cómica introduciendo a dos bebés que desestabilizan la precaria armonía familiar lograda anteriormente.
Leo Harlem, que vuelve a ponerse al frente de esta numerosa familia, bromea sobre la complejidad de rodar con niños pequeños, destacando que los bebés aportan un «salto de calidad» a la trama a pesar de los retos logísticos. «Lidiar con un hijo cuesta, hacerlo con dos todavía más, pues imagínate con siete. Hay que ser un valiente», afirma el cómico, quien confiesa que uno de los pequeños se convirtió en el «gancho» de la película debido a sus incesantes llantos durante el rodaje. El reparto se completa con la presencia de figuras internacionales como Natti Natasha y Maite Perroni, reforzando la vocación expansiva de la comedia española.
Desde una perspectiva industrial, Harlem destaca la importancia de que el cine español logre éxitos masivos para sostener el tejido de las salas de exhibición. Según el actor, los grandes estrenos permiten financiar una variedad de proyectos que son vitales para la profesión: «Tiene que haber variedad, pero también debe haber rendimiento económico porque las salas pueden cerrar y eso es un problema». Para él, el éxito de cintas como la de Segura es un «pelotazo» que beneficia a todo el sector, permitiendo que películas de corte más familiar como la suya se retroalimenten de la afluencia de público.
Finalmente, el actor reflexiona sobre la evolución del humor y el agotamiento de las fórmulas extremas, ya sean excesivamente brutas o estrictamente políticamente correctas. Harlem defiende que los creadores deben actuar «en conciencia y sin mala intención», permitiendo que cada historia encuentre su tono natural sin presiones externas. «Si el humor se vuelve demasiado inquisitivo, pierde su esencia», puntualiza el intérprete, abogando por un registro que fluya según las necesidades del personaje y que evite cansar al espectador con etiquetas rígidas.