La tensión diplomática entre España e Israel ha alcanzado un nuevo punto de ruptura. El Ejecutivo de Benjamín Netanyahu ha ordenado la expulsión de España del Centro de Coordinación Civil-Militar (CMCC), el organismo internacional clave encargado de supervisar el alto el fuego en Gaza y gestionar la entrada de ayuda humanitaria. Esta decisión supone apartar definitivamente al Gobierno de Pedro Sánchez de la supervisión del acuerdo alcanzado en octubre de 2025.
El primer ministro israelí ha justificado la medida como una respuesta directa a la postura política de Madrid. Netanyahu ha acusado a España de «difamar a sus héroes, los soldados del ejército más moral del mundo», y de posicionarse sistemáticamente en contra de los intereses de su país. Con esta expulsión, Israel busca enviar un mensaje de firmeza: «No voy a permitir que ningún país libre una guerra diplomática contra nosotros sin pagar un precio inmediato por ello», ha sentenciado el mandatario.
En la misma línea, el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, ha arremetido contra lo que considera un «sesgo antiisraelí tan flagrante» por parte del gabinete de Sánchez. Según Saar, esta actitud ha invalidado a España como un interlocutor válido en la región, asegurando que el país «ha perdido cualquier capacidad para ser un actor útil en la aplicación del plan de paz» impulsado por Estados Unidos y en las operaciones de coordinación que se desarrollan en el CMCC.
El organismo del que España ha sido excluida no es menor: liderado por el Mando Central estadounidense (CENTCOM), el CMCC reúne a una veintena de naciones para estabilizar la Franja tras meses de conflicto. La salida forzosa implica que España pierde su silla en uno de los principales foros internacionales vinculados a la gestión del posconflicto, justo en un momento crítico marcado por las denuncias de Hamás sobre restricciones al acceso de suministros básicos.
Aunque fuentes diplomáticas señalan que España ya desempeñaba un «papel secundario» en las labores de este centro, la carga simbólica de la expulsión es total. La medida, comunicada formalmente tanto a Madrid como a Washington, ratifica el aislamiento de la diplomacia española frente a las autoridades israelíes, quienes acusan al Gobierno de Sánchez de mantener una «obsesión antiisraelí» incompatible con las tareas de mediación internacional.