El neuropediatra Marco Heppe, uno de los coordinadores del Grupo de Trabajo de Trastornos del Sueño de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), ha advertido de que la exposición de los niños a pantallas una hora antes de ir a dormir se relaciona con una menor duración total del sueño, mayor somnolencia diurna y peor calidad del descanso.
El uso habitual de pantallas antes de acostarse puede aumentar el riesgo de dormir menos de lo recomendado en hasta un 50% de los casos y la evidencia sostiene que disminuye entre 20 y 40 minutos el tiempo de sueño, según ha detallado Heppe con motivo del Día Mundial del Sueño, que se conmemora este viernes.
El experto ha detallado que este impacto es consecuencia del estímulo cognitivo que genera el contenido digital en el menor, que ve más difícil poder desconectar. A su vez, la luz emitida por los dispositivos electrónicos puede inhibir la secreción de melatonina, retrasando el inicio del sueño.
También se ha comprobado que el uso de pantallas durante el día influye en el sueño nocturno. Por ello, Heppe ha insistido en que, además de evitar pantallas en el dormitorio, se deben seguir las recomendaciones de las principales guías y sociedades pediátricas. En ellas se indica que hay que evitar totalmente la exposición a pantallas hasta los seis años, mientras que entre los seis y los 12 se pueden utilizar como máximo una hora.
Además, ha señalado que los hábitos inadecuados o los horarios irregulares también pueden iniciar trastornos del sueño en los niños. Frente a ello, ha recomendado hábitos de higiene que incluyan horarios regulares para acostarse y despertarse, rutinas antes de dormir, actividades relajantes y un entorno en el dormitorio que favorezca el sueño.
«La evidencia muestra que cuando los niños mantienen horarios regulares y rutinas estables presentan menor latencia de sueño, menos despertares nocturnos, y mejor rendimiento diurno», ha destacado