“La subordinación se rompe cuando el que debe obedecer rehúsa la obediencia; pero se rompe también cuando el que manda no da a cada cual lo que le corresponde en Derecho”
Hay un estilo militar de vida — Jorge Vigón —
La subordinación se da cuando existe una jerarquía, cuando hay una persona por encima de otra, cuando uno manda y otro obedece, como en el ejército. Existe también dentro de los colegios profesionales, o en la judicatura o la fiscalía. No debe existir en el día a día de un abogado cuando desarrolla su labor diaria en los juzgados. El abogado no está por encima de nadie. Pero la fiscalía tampoco está, o mejor dicho, debería estar por encima de los abogados.
Los jueces, aunque están en el estrado, algunas veces un escalón por encima del resto de los mortales, tampoco están por encima, están a otro nivel, pero no por encima. El abogado no debe obediencia al juez, le debe respeto. El mismo respeto que el juez le debe al abogado. Y es ahí cuando voy a cambiar la palabra “subordinación” por la palabra “disciplina” y su definición según las antiguas Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, las mías, las que a mí me enseñaron:
Art. 11: La disciplina, factor de cohesión que obliga a todos por igual, será practicada y exigida como norma de actuación.
Y aquí es donde comienza la falsa creencia de que tan solo se fata al respeto de abajo hacia arriba, en nuestro caso de los abogados a los jueces y fiscales. El respeto no viene asociado al cargo, no viene con las puñetas ni con el diploma de la escuela jurídica, ni con el propio cargo. El respeto se gana a fuerza de hacer bien tu trabajo, de “dar a cada cual lo que le corresponde en Derecho”.
Voy a poner dos ejemplos de mi día a día en los Juzgados. El primero es sobre la actuación de las juezas de Tolosa. En mis días de guardia de detenidos me llaman del servicio de radio mensajes y por ejemplo me dicen que me pase por el juzgado de instrucción nº 2 a las 9:30 horas. Bien, aunque yo no estoy a las órdenes de ningún juez o jueza, yo voy puntualmente e incluso con antelación para poder leer el atestado y hacerme una idea de lo que va a ser la mañana.
La jueza llega a las 10 horas como si fuera lo más normal del mundo, sin dar ni los buenos días. Los fiscales ni vienen, hacen su intervención por videoconferencia desde no se sabe dónde ya que algunos días los he visto en pijama. A las 11 u 11 y media se van, las juezas y algún LAJ (Letrado de la Administración de Justicia, antiguos Secretarios Judiciales) a tomar café. Lo cual no es nada del otro mundo, si cuando lo hacen tuvieran la deferencia, la educación o la profesionalidad de avisar al resto de operadores jurídicos que estamos allí de que se va a efectuar un descanso y que podemos ausentarnos si lo deseamos.
Normalmente, además del investigado, estamos el abogado, el intérprete si se necesita, los testigos y algún familiar. Cuando quieres hablar con el fiscal, te dicen que no está disponible, cuando hay alguna duda, te dicen que hay que esperar a que venga Su Señoría para que resuelva.
Entre estate bien y ponte quieto nos pasamos toda la mañana en el Juzgado para algo que normalmente se lleva entre 45 minutos y hora y media. Respeto a los demás operadores es lo que falta.
El otro ejemplo es con la Jueza de Vigilancia Penitenciaria. Vienen a tardar entre una semana y 15 días en dar curso a los escritos que presentamos. Se les da número y a la cola. Por ejemplo, una queja sobre una denegación de permiso puede tardar en resolverse unos seis meses cuando no llega al año. Y los permisos se estudian en la cárcel cada dos o tres meses dependiendo de las prisiones.
Lo último que me ha pasado ha sido con una queja por la aplicación del artículo 75 del RP. Este artículo es el que permite a los funcionarios de prisiones a meter en aislamiento a un preso cuando les salga del forro de los cojones, ¡perdón! Del escroto. Con la excusa de salvaguardar la seguridad del preso o del resto de los internos tienen suficiente. Y la jueza se lo admite, lo avala y sin problemas. Así los funcionarios están totalmente protegidos y hacen lo que quieren porque la jueza los defiende a pies juntillas como la fiscalía.
Este preso lleva en aislamiento desde el día 11 de enero, sin salir de la celda nada más que una hora al día, sin televisión o radio, sin periódicos o revistas, sin actividades. Un preso al que su cabeza le empieza a jugar malas pasadas, un preso al que le empieza a dar todo igual. Y ese es el problema.
Legalmente no se puede estar en esa situación de manera indefinida, pero realmente sí se puede y si sucede. Es un castigo totalmente ilegal y anticipado. Y así se lo dije a la jueza con la clara advertencia de que si, y copio textualmente:
“Que mi cliente lleva en aislamiento (23 horas encerrado en la celda) desde el día 11 de enero, van a hacer 25 días. Dicho encierro constituye a todas luces una sanción encubierta, una sanción desproporcionada e ilegal.
Mi cliente tenía una celda individual en su módulo o galería, con sus enseres particulares. Que según reza el Reglamento Penitenciario estos encierros deben llevarse a cabo en su celda, no en una especial, en el llamado “chopano” o módulo de aislamiento, sin sus enseres, sin televisión ni radio ni acceso a la biblioteca.
Que mi cliente, está a punto de perder el juicio y ello puede conllevar que cuando aparezca el funcionario o funcionaria de turno, el jefe de servicios o algún miembro o “miembra” del Equipo técnico, puede ser que se le vaya la olla y le reviente la cabeza a hostias.
Cuando eso suceda este letrado pondrá una oportuna denuncia contra los miembros y “miembras” del maravilloso cuerpo de las instituciones penitenciarias vascas, incluidas las cajeras del Eroski reconvertidas en carceleras, contra la fiscalía por no contestar de manera perentoria según la gravedad del caso, y por supuesto contra Su Señoría, que en vez de hacer su trabajo se dedica a dar conferencias, cursos y escribir artículos para los imbéciles que no tienen ni puta idea de lo que se cuece en la cárcel.
Y se ha enfadado. Me va a denunciar al Decano del Colegio. El respeto es bidireccional, señora. Usted me respeta a mí, y yo la respeto a usted. Pero si no sabe o no quiere llevar con justicia su juzgado, jubílese de una vez y deje paso a la siguiente hornada, que no creo que sean mejores, pero al menos siempre podremos decir aquello de que con usted las cosas funcionaban mejor.
Alfonso Pazos Fernández