ERNESTO EKAIZER/El Periódico
El reencuentro publicitado por el expresidente de Gobierno, Jose María Aznar, con el rey honorífico de España, me retrotrae a 2007. En enero de aquel año, Bob Woodward, el famoso periodista del Watergate, acababa de publicar su tercer libro sobre la invasión de Irak, Negar la evidencia. Por esta razón me concedió una entrevista el 29 de enero de 2007 en su casa de Georgetown, Washington D.C., una residencia de ladrillo visto, de tres plantas y torreta. Aunque el tema era su nuevo libro, mi interés se remontaba a su obra anterior, Plan de Ataque, para el cual Woodward había obtenido la colaboración del presidente George W. Bush. Durante dos días, el 10 y 11 de diciembre de 2003, ambos habían mantenido una entrevista on the record de 3 horas y media, es decir, para su atribución a Bush en el libro. El presidente Bush le había aportado sus agendas personales de los días decisivos.
Durante la larga conversación que mantuvimos el 29 de enero de 2007, salió el tema de Aznar y su relación con Bush.
Es el 17 de marzo de 2003. Bush ha fracasado en su objetivo de conseguir una nueva resolución de Naciones Unidas, la llamada segunda, para encubrir la invasión inminente que ya está en marcha, según le ha anticipado a Aznar en su reunión del 22 de febrero, al recibirle en su rancho de Crawford, Texas.
Bush llama a Aznar, en la mañana del 17 de marzo, muy temprano, hora de Washington, mediodía en España.
«¿Puedes llamar a [Ricardo] Lagos [presidente de Chile] e instarle a no intentar una maniobra de último minuto?».
Aznar le dice que llamará a Ricardo Lagos. Pero tiene que pedirle un favor.
«Mira, me ayudaría realmente si llamases a Juan Carlos. Solo para hacer acto de presencia», pide Aznar.
Añade Woodward: «El rey Juan Carlos I es el jefe de Estado de España y, aunque es en cierta medida una figura decorativa, es popular y el presidente del Gobierno jura ante él. Aznar quería que el rey se quedara contento».
«Gran idea», dice Bush.
Woodward continúa: «Más tarde [poco antes de las once de la mañana, hora de Washington], Bush pagó su deuda con Aznar y habló con el rey español durante cuatro minutos. «Su Majestad, he aquí lo que está pasando. Vamos a retirar la [segunda] resolución y voy a dirigir un mensaje al pueblo americano».
El libro añade: «El rey agradeció cordialmente que le llamara».
La noche del 19 al 20 de marzo Bush lanzó la invasión.
Después de hablar con Tony Blair, el 22 de marzo, Bush llamó a Aznar y le narró cómo había ordenado la guerra por videoconferencia con los comandantes militares.
Según el libro, Aznar le dijo: «Nunca te sientas solo en momentos como este. Sabes que somos muchos los que estamos contigo».
«Lo entiendo totalmente», apuntó Bush.
«Cada vez que te sientes recuerda que estamos contigo. Siempre podrás ver un bigote a tu lado», dijo Aznar, el bigotudo líder español».
El libro narra la evolución de los combates y las comunicaciones entre Bush y sus aliados.
Bush le dice a Aznar el 2 de abril de 2003, «En cuanto a las armas de destrucción masiva hay gran cantidad de túneles y cuevas. Tenemos que controlar las expectativas sobre ello. Va a exigir cierto tiempo remover en los escombros para encontrar dónde ha escondido la cosa…».
“La cosa”, las armas de destrucción masiva, vaya. Que nunca aparecieron sencillamente porque no existían. Como tampoco existió el pacto Sadam-Al Qaeda para el ataque de las Torres Gemelas el 11/S.
En la conversación del 29 de enero de 2007, pregunté a Woodward por el ex presidente del gobierno español. Y a su vez, él me hizo varias preguntas a mí.
P. En su libro anterior, Plan de ataque, incluyó como personaje a José María Aznar. ¿Por qué?
R. Es interesante. Si yo hubiera decidido incluir un capítulo en Plan de ataque sobre la relación entre Aznar, España y Bush lo hubiera llamado Aliados improbables. Me intriga saber por qué apoyó tanto Aznar a Bush. ¿España mantiene tropas todavía en Irak?
P. No, ni un soldado. El nuevo presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ordenó la retirada de tropas.
R. ¿Cuándo?
P. Inmediatamente después que los socialistas ganaran las elecciones de 2004. Fue en abril de 2004. Bob, usted pudo ver las agendas de Bush y allí consta la lealtad de Aznar con la estrategia de Bush en Irak.
R. Sí. Todo lo que pude averiguar salió de allí.
Por tanto, Bush habló, según consta en su agenda, cuatro minutos con Juan Carlos I el 17 de marzo de 2003, un favor que le hizo a Aznar.
Aznar se ha reconciliado con Juan Carlos I. Siempre receló de la relación entre el sociata Juan Carlos I y Felipe González. Quizá porque a finales de los años setenta ya había recelado de la Constitución.
En febrero de 1979 escribió en La Nueva España:
“El consenso ha provocado un efecto fulminante cual es el de la desconfianza de una enorme masa de españoles en el buen funcionamiento del sistema democrático, que quedó palpablemente demostrada en el elevadísimo índice de abstención que se produjo en el pasado referéndum Tal como está redactada la Constitución, los españoles no sabemos si nuestra economía va a ser de libre mercado o, por el contrario, va a deslizarse por peligrosas pendientes estatificadoras y socializantes, si vamos a poder escoger libremente la enseñanza que queremos dar a nuestros hijos o nos encaminamos hacia la escuela única, si el derecho a la vida va a ser eficazmente protegido, sí el desarrollo de las autonomías va a realizarse con criterios de unidad y solidaridad o prevalecerán las tendencias disolventes agazapadas en el término nacionalidades”