La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta los 1.221 euros mensuales ha abierto una pregunta inmediata entre millones de trabajadores: ¿implicará pagar más impuestos? La respuesta del Gobierno es clara: no. Para evitar que el incremento salarial se traduzca en una mayor carga fiscal, el Ejecutivo ha decidido ajustar el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) mediante una actualización de las deducciones para rentas bajas.
La medida busca que quienes perciben el salario mínimo no vean reducido su aumento por efecto de la tributación. En otras palabras, el alza del SMI no supondrá un “castigo fiscal” añadido. El objetivo es que la mejora salarial llegue íntegra al bolsillo de los trabajadores con menores ingresos.
En concreto, se ha aprobado una deducción de hasta 591 euros para personas con salarios inferiores a 20.000 euros brutos anuales. Aunque el nuevo SMI anual se sitúa en 17.094 euros, el Gobierno ha ampliado el umbral para evitar el llamado “error de salto”, una situación en la que pequeños incrementos de renta pueden provocar una mayor tributación proporcional.
El ajuste del IRPF forma parte de una estrategia que el Ejecutivo defiende como coherente con su política fiscal: aliviar la presión sobre las rentas más bajas y exigir un mayor esfuerzo a los tramos superiores. Según los datos facilitados, el ahorro acumulado por contribuyentes con salarios bajos a lo largo de los años de subidas del SMI alcanza ya los 11.000 millones de euros.
Más allá de las cifras, la decisión tiene una dimensión práctica. Para quienes cobran el salario mínimo o se sitúan en el entorno de los 20.000 euros anuales, el temor a que la mejora salarial se diluya en impuestos era real. Con esta revisión, el Ejecutivo intenta blindar ese aumento y enviar un mensaje de tranquilidad.
El ajuste también refleja un debate más amplio sobre la relación entre salarios y fiscalidad. Cuando sube el salario mínimo, no solo cambia la nómina, también pueden modificarse los tramos y retenciones del IRPF. De ahí la importancia de adaptar el sistema para que el incremento salarial no genere efectos indeseados.
En definitiva, la subida del SMI no vendrá acompañada de un aumento de la carga fiscal para quienes menos ganan. El Gobierno apuesta por una combinación de mejora salarial y alivio fiscal, buscando reforzar el poder adquisitivo en un contexto económico todavía marcado por la inflación y la incertidumbre.