Durante años, el café y el té han estado en el centro de numerosos debates sobre salud. Para algunos, son simples estimulantes del día a día; para otros, pequeños rituales que acompañan la rutina. Ahora, una nueva investigación vuelve a poner estas bebidas en el foco, esta vez por su posible papel en la protección de la función cognitiva a medida que envejecemos.
El estudio, basado en el seguimiento de más de 130.000 personas durante varias décadas, sugiere que un consumo moderado de café con cafeína y té podría estar relacionado con un menor riesgo de demencia, un deterioro cognitivo más lento y una mejor conservación de las capacidades mentales. No se trata de una solución milagrosa, pero sí de una pieza interesante dentro del complejo rompecabezas del envejecimiento saludable.
Uno de los aspectos más relevantes de esta investigación es su enfoque a largo plazo. A diferencia de otros trabajos más limitados en el tiempo, los participantes fueron seguidos durante años, con evaluaciones periódicas de su dieta, su memoria y su función cognitiva general. Esto permitió observar cómo los hábitos mantenidos en el tiempo pueden influir en la salud del cerebro.
Los resultados apuntan a que quienes consumen entre dos y tres tazas de café con cafeína al día, o una o dos tazas de té, presentan un menor riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes apenas consumen estas bebidas. Además, estas personas mostraron menos quejas subjetivas sobre pérdida de memoria y, en algunos casos, un mejor rendimiento en pruebas objetivas de función cognitiva.
Un detalle importante es que estos beneficios no se observaron con el café descafeinado, lo que refuerza la idea de que la cafeína juega un papel clave. Junto a ella, el café y el té contienen polifenoles y otros compuestos bioactivos que podrían ayudar a reducir la inflamación y el daño celular en el cerebro.
Los investigadores insisten en un mensaje claro: aunque los resultados son alentadores, el efecto observado es modesto. El consumo de café o té no sustituye a otros hábitos fundamentales para cuidar la salud cognitiva, como mantener una dieta equilibrada, hacer ejercicio, dormir bien y estimular la mente.
Aun así, el valor del estudio está en señalar que pequeños gestos cotidianos, mantenidos a lo largo del tiempo, pueden tener un impacto positivo. Especialmente en el caso de la demencia, donde los tratamientos actuales ofrecen beneficios limitados una vez que los síntomas aparecen, la prevención temprana cobra una importancia clave.
Otro dato interesante es que los beneficios se observaron tanto en personas con mayor predisposición genética a la demencia como en aquellas con menor riesgo, lo que sugiere que estos efectos podrían ser ampliamente aplicables.
En definitiva, disfrutar de una taza de café o de té, siempre con moderación, no solo puede ser un placer diario, sino también un pequeño aliado del cerebro. No es una solución única, pero sí una opción sencilla que, sumada a otros hábitos saludables, puede contribuir a cuidar la mente a lo largo de los años.