Si partimos de la reciente Historia de España podremos convenir que es un relato de mentiras, maltratos y egoísmos. La República no fue ganadora en las elecciones del 31, sino una chapuza entre pueblos, campos y ciudades que empujaron al rey a un exilio, tras haberse equivocado con la dictadura de Primo de Rivera. Las ruindades de la segunda república sólo son comparables a las mentiras que la defienden. Franco, entre errores y aciertos, no gobernó España en contra de los españoles, mentira, la mayoría del pueblo lo aclamó hasta después de muerto. La Transición fue un blindaje al sentido común que favoreció la convivencia y puso, sin embargo, un corsé legal para que la infamia de algunas minorías tuviese las llaves de la gobernabilidad.
El maltrato que se ha hecho de la Historia ha permitido desterrar al Rey que facilitó la democracia, que los ladinos independentistas gobiernen a quienes odian, que los terroristas reclamen su contribución al progreso… No es posible una manipulación de la verdad más completa que la nuestra.
Y, para colmo, a quien nunca ganó unas elecciones, se le llama triunfador. ¡España!