Casi al final de su vida Cézanne regresó al catolicismo y, con humildad convencida, su creación pasaba necesariamente por el crisol de la fe. De ahí que afirmase: “Cuando juzgo el arte, cojo mi cuadro y lo pongo junto a un objeto obra de Dios, como un árbol o una flor. Si desentona, no es arte”.
…Si comparamos los ferrocarriles de hace unos años con los de ahora, desentonan las formas y las vías, las ruindades de los sobornos con el incomparable precio de las vidas. Desentona que España entera esté incomunicada por la desgracia de un Gobierno inútil y temerario. Desentonan los clavos de esta crucifixión que mutila libertades y propósitos e intenta maniatar la independencia de la justicia.
Se ha llegado al extremo de comparecer ante las Cámaras para no decir nada o mentir, que todavía desentona más y esclaviza la esperanza de las soluciones. En este caso Alcibíades es incuestionable: “La única verdad es la que imponen los fuertes sobre los débiles”. Confiemos, sin embargo, en la profecía de San Ambrosio: “Quien anda a oscuras no puede llegar lejos”.
Pedro Villarejo