Refiere Jorge Luis Borges que vendió 37 ejemplares de uno de sus primeros libros. Su madre, al conocer la noticia, quedó sorprendida de un número tan alto para tan inmerecido ejemplar, hasta el punto de que el poeta meditó la posibilidad de buscar a los compradores para pedirle disculpas y prometerles mejores libros en sucesivas ocasiones.
Aquí en España, al parecer, todos escribimos bien. Para cualquier ocurrencia, un libro; para cualquier atrevimiento nostálgico, un poema que se presenta en certámenes literarios y que ofende, por falta de valoración, a los que no fueron premiados. Conozco algunos casos y otros delirios.
En lugar de pedir disculpas por la tragedia de los trenes o por la incompetencia manifiesta en la solución de los imprevistos, aquí los responsables se abanican impunemente con la soberbia contrastada de los ignorantes. En España todo va bien porque estamos asistidos por la maravilla que sabe, en cada momento, cómo sortear la ruina.
…Cuando las mentes están extraviadas, nos queda el mar de la contemplación, donde podamos un tiempo navegar a solas.
Pedro Villarejo