ERNESTO EKAIZER/El Periódico
La batalla de Jay Powell, el presidente de Federal Reserve Bank conocido coloquialmente por su abreviatura Fed, contra los ataques inmisericordes de Donald Trump están haciendo leyenda en el mundo de los mercados, las finanzas y la política. Powell denunció en enero pasado que la justicia le está investigando sobre las obras de rehabilitación de los edificios históricos de la entidad y que ello era “consecuencia de que la Reserva Federal fija las tasas de interés basándose en nuestra mejor evaluación de lo que beneficia al público, y no en las preferencias del presidente». Powell no ha seguido las indicaciones de Trump que quería bajar los tipos de interés a corto plazo y éste ha instrumentalizado a la justicia para acabar con él. Lo que vulgarmente se denomina lawfare.
«Nos solidarizamos plenamente con el sistema de la Reserva Federal y con su presidente, Jerome H. Powell», anunciaron en una declaración el 13 de enero pasado los presidentes del Banco Central Europeo (BCE), el gobernador del Banco de Inglaterra y de los bancos centrales de Australia, Brasil y Canadá, Dinamarca, Corea del Sur, Suecia y Suiza.
«La independencia de los bancos centrales es un pilar de la estabilidad de precios, financiera y económica, en interés de los ciudadanos a los que servimos».
Ahora Trump ha anunciado que el próximo presidente de la institución, a partir del mes de mayo, tras el vencimiento del mandato de Powell como presidente -no así como miembro del consejo del banco, que dura hasta 2028- será el economista Kevin Warsh que ya fuera miembro, en el pasado, de dicha entidad.
Era lógico, pues, que al entrevistar a José Luis Escrivá, el periodista de la Ser, Jordi Fàbrega, preguntase este viernes, día 6 de febrero a Escrivá por el nombramiento de Warsh.
“Estamos ante una persona de una trayectoria muy larga en el mundo de los bancos centrales, que ha tenido una experiencia muy grande dentro y fuera de la banca central, también con una trayectoria académica reconocida. Por tanto, estamos ante una persona con unas credenciales muy elevadas, sin duda”.
En su decisión de nombrarle, Trump escribió en su red social, el pasado 30 de enero: “Por sobre todas las cosas, él es “central casting” [está hecho para el puesto] y nunca te dejará tirado”.
La propuesta de Trump ha dado lugar a amplias críticas en la profesión norteamericana. Porque en la crisis de 2008, Warsh se opuso a la política del presidente Ben Bernanke al estallar la Gran Recesión, es decir, a bajar dramáticamente los tipos de interés y a inyectar cash, salvar el sistema financiero y evitar que la recesión se convirtiese en una nueva Gran Depresión estilo años treinta del siglo pasado. Nunca reconoció su error.
Escrivá, que era economista-jefe y director del servicio de estudios del BBVA en 2008, sabe bien de qué iba el asunto. Porque su entonces amigo David Taguas, jefe de la Oficina Económica del presidente Zapatero, le integró en un grupo de crisis en La Moncloa. Y la política que propugnaron no fue contractiva, lógicamente, sino expansiva.
“Warsh fue un halcón, contrario a una política monetaria expansiva en la crisis financiera, de 2008. Pero se transformó abruptamente en una paloma, partidario de la expansión monetaria y la bajada de tipos de interés…después de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca”, escribe el economista norteamericano Paul Kurgman.
Hay un dato sugerente sobre Warsh. Es el marido de una mujer muy rica, la hija de Ronald Lauder, el billonario de los cosméticos, hijo de Estée Lauder. Su suegro es uno de los grandes donantes del partido Republicano en general y de Trump en particular. Y es quien ha convencido a Trump, su compañero de pupitre en pregrado, de que EE UU debe comprar Groenlandia. Aunque podía haber sido menos comedido -no tiene que ser como Mark Carney, ex gobernador del Banco Central de Inglaterra y actual presidente de Canadá, el azote de Trump en Davos- Escrivá tiene razón en un punto cuando dice “aunque tendemos a identificar a la Reserva Federal con su presidente, es un órgano colegiado de decisión, igual que en el Banco Central Europeo, donde las decisiones se toman en un comité donde hay 12 votos. El presidente dirige las reuniones, las conduce y busca los consensos, pero cada uno de los miembros tiene su voto y tiene su visión”.
Pues eso, la Fed actúa como una República. Warsh contará con el respaldo de dos economistas trumpistas ya en ejercicio. Pero Powell seguirá allí.