La menopausia sigue siendo una etapa infravalorada en la salud de la mujer, a pesar de sus efectos evidentes. Una encuesta reciente presentada por la Fundación de Investigación HM Hospitales confirma que ocho de cada diez mujeres aseguran que los síntomas asociados a este periodo afectan de forma negativa a su bienestar diario. El dato no es puntual: se basa en las respuestas de casi 4.000 mujeres de entre 31 y 81 años, lo que ofrece una fotografía amplia y realista.
El impacto es todavía mayor en la franja de edad más habitual, entre los 45 y los 60 años, donde más del 80% reconoce dificultades físicas, emocionales o sociales. Sofocos, alteraciones del sueño, cambios de humor, aumento de peso o descenso del deseo sexual forman parte de una experiencia que muchas viven en silencio. No porque sea inevitable, sino porque durante años se ha normalizado sin ofrecer suficientes respuestas.
Desde el Observatorio de la Menopausia, su director, el doctor Miguel Ángel Rodríguez Zambrano, insiste en un mensaje clave: la menopausia no es una enfermedad, pero sí requiere acompañamiento médico, información fiable y un abordaje integral. Frente al ruido y la desinformación en redes sociales, los expertos reclaman espacios basados en evidencia científica que ayuden a las mujeres a tomar decisiones informadas.
Los resultados del estudio refuerzan la necesidad de mirar más allá de los síntomas físicos. La menopausia influye también en la vida laboral, social y emocional, y exige una atención sanitaria que tenga en cuenta todas esas dimensiones.
Uno de los aspectos más relevantes del encuentro fue la relación directa entre menopausia y riesgo cardiovascular. La cardióloga Leticia Fernández-Friera alertó de que los cambios hormonales propios de esta etapa generan un escenario de mayor vulnerabilidad para el corazón.
Durante la menopausia, el colesterol puede aumentar hasta un 15%, se eleva la tensión arterial y la grasa corporal tiende a concentrarse en el abdomen. A ello se suman procesos inflamatorios, menor capacidad antioxidante y un aumento del riesgo trombótico. Todo este conjunto convierte este periodo en un momento crítico, especialmente para mujeres con antecedentes familiares o factores de riesgo previos, según Europa Press.
La buena noticia es que también se trata de una oportunidad preventiva. Según los especialistas, hasta el 80% de los eventos cardiovasculares podrían evitarse con una detección precoz y cambios en el estilo de vida. Las guías europeas recomiendan que, a partir de los 50 años, las mujeres se sometan a una evaluación cardiovascular completa.
Alimentación equilibrada, ejercicio regular, control del estrés, buen descanso y revisiones médicas periódicas forman parte de una estrategia sencilla, pero eficaz. La menopausia, lejos de ser el final de una etapa, puede convertirse en un punto de inflexión positivo para cuidar la salud a largo plazo.
La Jornada de Salud de la Mujer dejó un mensaje claro: hablar de menopausia es hablar de prevención, calidad de vida y salud integral. Y hacerlo con rigor es el primer paso para que ninguna mujer vuelva a vivir esta etapa en soledad.