El sarampión, una enfermedad que parecía bajo control en gran parte del mundo, vuelve a encender las alarmas sanitarias. La Red Mundial de Virus (GVN), integrada por expertos de decenas de países, ha advertido de un repunte preocupante de contagios y ha pedido a gobiernos y sistemas de salud que refuercen de inmediato las campañas de vacunación.
La organización recuerda que se trata de uno de los virus más contagiosos conocidos y que puede derivar en complicaciones graves, especialmente en menores no inmunizados.
El foco más llamativo está en Estados Unidos. El país ha registrado este año su mayor número de infecciones en más de 30 años, con miles de casos repartidos por la mayoría de los estados. Una parte significativa de los pacientes ha necesitado hospitalización y se han confirmado fallecimientos, algo que no se veía desde hace años.
Los especialistas vinculan este rebrote a la caída de la cobertura vacunal y a los desplazamientos internacionales, factores que facilitan la reintroducción del virus en comunidades con baja inmunización. Además, advierten de que, si la transmisión continúa, algunos países podrían perder el estatus de territorios libres de sarampión.
El problema no se limita a Norteamérica. A escala global, las cifras siguen siendo elevadas. Organismos internacionales estiman decenas de miles de muertes anuales, la mayoría en niños pequeños sin acceso a la vacuna o con pautas incompletas.
Desde la GVN insisten en que la solución es clara: reforzar la vacunación sistemática, mejorar la vigilancia epidemiológica y combatir la desinformación. La triple vírica, recuerdan, ha demostrado ser segura y eficaz durante décadas.
“El sarampión en cualquier lugar es una amenaza para todos”, subrayan los expertos, que temen que la relajación de las campañas de inmunización devuelva a muchos países a escenarios ya superados.