Mientras Ábalos, Cerdán y Cía. se repartían jugosas comisiones a gogó, los trenes de alta velocidad ya temblaban cuando enfilaban la funesta recta férrea de Adamuz, en Córdoba. Una recta. «Es raro», no se explicaba el ministro lo ocurrido en Ademuz.
Los maquinistas se lo dijeron por escrito a ese ministro chupabotas que aún se le recuerda en su vomitiva plática inflando pecho en público y calificando a Pedro Sánchez como «el puto amo». Y cómo se desinfló luego imaginándose con rubor cuánta gente pensaría de él que era el pelota de libro de Pedro Sánchez, El pollastrón.
¡Vamos a ver, al grano! Un tren de alta velocidad español ha causado al menos 40 muertes y casi 200 heridos. Algunos muy graves. Están en la UCI.
Todo indica que un raíl se rompió, el tren descarriló y 20 segundos después otro convoy de alta velocidad, a 250 kilómetros por hora, por la vía adyacente y en sentido contrario, se empotró con varios de los vagones del que instantes antes había descarrilado.
Terrible, la noticia corrió la tarde del domingo por todo el mundo. Muchas muertes. El pueblo de Adamuz se volcó. Mucho sufrimiento entre vagones retorcidos.
¿Quién podía imaginar que en España dos trenes de alta velocidad colisionarían?
Son proyectiles cargados. Todo tiene que ir a la perfección, con el mantenimiento necesario y también el no necesario. Sus accidentes pueden ser como los de un avión.
Es llamativo cómo afrontan este terrible siniestro los digitales más subvencionados vía publicidad por el Gobierno Sanchista, no piden responsabilidades, son los que pedían un día sí y el siguiente también, la dimisión del expresidente valenciano Mazón. A fin de cuentas lo suyo fue un fenómeno natural, mortífero, difícil de combatir, una fuerza desatada de la naturaleza.
Es verdad que Mazón estaba donde no debía estar mientras la DANA se llevaba decenas de muertes sobre aguas bravas desbocadas. Es posible que si hubiera estado donde debía, casi igual habría dado.
Hace unas semanas daba vergüenza ver TVE, a los Ruiz y Cintora. Uno se regocijaba poniendo el clavo sobre Mazón por la mañana y el otro lo remachaba por la tarde, mientras la corrupción emergía sin tregua en torno a Sánchez y su Bego. Para ellos, todo era un bulo.
El Pollastrón es otro que no se va, ni harto vino, y no porque le haga falta a alguien. Ni siquiera ganó las elecciones. Y ahí sigue el morlaco, quiere hasta 2027, así se haga añicos el PSOE. No tiene escrúpulos.
Lleva tiempo lamiendo el poder, al que llegó sin ganar las elecciones. Y no gobierna, porque ni siquiera puede aprobar los obligados presupuestos. Ni puede sacar leyes. ¿Qué hace ahí Sánchez? Lo abuchean en la calle…
Mientras las noticias sobre la corrupción del PSOE inundaban los digitales, Ruiz y Cintora, con intervención estelar de la Inchaurrondo, dedicaban sus espacios a Mazón. Incluso cuando ya había dimitido. Es tremendo. Tardó en hacerlo, pero Mazón dimitió. Debió estar en su sitio y no de almuerzo con una periodista rubia. Pero dimitió.
No vio justo que tuviera que dejar la presidencia de Valencia por una fuerza de certezas incontrolables.
¿Es esa misma fuerza o similar la causante del accidente de Adamuz? No.
¿Era evitable? Sí.
¿Hay algún responsable? Obvio. Por acción y omisión. El ministro puto amo Óscar Puente.
En su sueldo está garantizar la seguridad de los pasajeros.
No ha sido un terremoto, la vía se ha roto, un tren ha descarrilado e invadido el andén adyacente justo cuando se cruzaba con otro tren/proyectil que iba en sentido contrario.
Los sindicatos habían avisado del mal estado de ese tramo férreo, al propio ministro.
Claro que se pudo evitar. Arreglando en condiciones ese tramo de vía, evitando los temblores reiterados denunciados por maquinistas de otros convoyes desde hacia tiempo.
¿Hay un responsable tácito? Claro que sí. Óscar Puente, el amo de los dineros de Renfe y Adif, el que debe GARANTIZAR la seguridad de los pasajeros.
Y si es miope y no lo hace, en las proporciones del accidente, debe irse a su casa con una patada en el trasero. Por querer ser ministro sin méritos. En perjuicio de los ciudadanos.
Pero no es solo Puente, una maldición azota a todo el Gobierno de Sánchez, en perjuicio de las mismas víctimas del apagón energético, que fue la risión del mundo, de las mismas víctimas de los impuestos abusivos, de las catástrofes evitables y, además, de los embustes recurrentes de un presidente que ve a los ciudadanos como votos para ser un marajá.
Es evidente ministro Puente. Temblores en los raíles. Una falla en el mantenimiento, nada más y nada menos, de una vía de alta velocidad. Y hay más tramos igual en otras zonas, denunciados por maquinistas y sindicatos desde hace tiempo.
¿No había dinero para corregir defectos en los raíles de la alta velocidad? ¡Tienes bemoles, Puente!
Sánchez ha comprado la mayoría de Telefónica con 2.300 millones con la sucia finalidad de controlar la profusa publicidad mediática que genera está multinacional. 2.300 millones. Quería mandar en Telefónica y, por ende, en las acciones de esta en El País y la Ser. Y lo logró hace mucho tiempo.
Este presidente es un peligro real. ¡Sánchez, si tanto te preocupaba que Mazón dimitiera por la DANA, que es un fenómeno natural de difícil control, ¿has pensado en dejar lastre con Puente? Ha hecho demasiadas…
El accidente del tren no es un fenómeno galáctico («una cosa rara», Puente dixit). Es una tragedia que sí era evitable. Se trata de priorizar el dinero, si es que Cerdán, Ábalos y Koldo dejaban algún remanente. En seguridad, todo es poco y está bien empleado.
En este caso alguien no ha librado el dinero. O ya fallado su gente de confianza en Fomento, Renfe y Adif, la empresa pública que contrataba a las putas de Ábalos. Hasta un orangután sabe dónde está el peligro y mide el destino de los recursos.
En un país, además, donde las carreteras están cada día más deterioradas mientras un tipo que lleva media vida como jefe de Tráfico, Pere Navarro, se dedica a multimultar y recaudar dinero para que lo administre Pedro Sánchez, el jefe de los malditos.
Vamos a una catástrofe por año, Pedro.
No habría remanentes koldianos, quizás, lo que extraña en un Gobierno que recauda como un descosido. Ha creado casi cien nuevos impuestos y exprimido hasta la médula a los paganinis de siempre. Casi 90.000 millones más de recaudación el año pasado. Un disparate.
¡Y no hay dinero! ¿Dónde va el dinero?
Sí no lo había, lo buscas Puente, lo detraes, por ejemplo, de los informes subvencionados de Irene Montero sobre el componente machista de los túneles de la M30. Sí, como leen.
Para la seguridad nunca debe no haber… Por eso debes irte. Y cuanto antes. Se digno en tu crepúsculo y comparte así el sufrimiento de las familias.
Ser el mamporrero del puto amo ya te hizo ministro. Felicidad cumplida y pensión garantizada. Vete y no digas nada.
Perteneces a un Gobierno en el que no dimite ni El Tato, vamos, ni el santísimo. Son drogadictos del poder en un Gobierno de malditos, bajo la batuta de un presidente de cuasifamelica mirada convexa al que le cabe dentro todo con tal de mantenerse en La Moncloa, adónde llegó de mala manera. Sin ganar las elecciones.
Acercarse a su personalidad, es descubrir a un tontín/pollastrón al que solo le importa su miembro corrupto. Un ignorante de falso doctorado.
Es vanidoso y le sacian las caricias públicas de Puente. Solo si él se viera comprometido, lo echaría.
Sánchez es corrupción, y Puente, cuanto menos, un gestor irresponsable.
Pedro, o tú o Puente. Y si sois los dos, mejor. Idos con vuestra maldición. Ya son demasiadas muertes… No miréis atrás… Pero iros a donde picó el pollo.
Sánchez vete tú y y te llevas al Puente. Seguro que nadie dimite en este gobierno corrupto e inútil.
Es una pena lo que ha ocurrido. Tiene que haber responsables de tantas muertes. Puente, a tu casa