Además de los seres humanos, cualquier vibración de vida alrededor es un alma que reclama atenciones y miradas: la hoja que se estremece en el árbol cuando el viento pasa, las manos que peinan la mañana, el pájaro que parece ausente; el hijo, el padre o el hermano que está en la cárcel y soporta la oscuridad de lo que no merece por una decisión equivocada o confundida… Las leyes son frecuentemente injustas o desordenadas porque la justicia ha conformado también su alma a la medida de su propia historia, de su conveniente malabarismo o en desnutridas inocencias.
Harper Lee publica en 1960 Matar un Ruiseñor, una novela que podríamos adjetivar como las conocidas ejemplares que leímos en nuestra adolescencia y que continúan siendo limpios motivos de referencia:
Un abogado, Atticus Finch, vive con sus dos hijos, Scout y Jem, en una ciudad de Alabama donde aún se persigue a los negros sólo por serlo. Atticus ha decidido ser el defensor de todos aquellos sobre los que recae una decisión injusta, como ésta que refiere Harper en su novela.
En la población, donde Atticus es admirado y reconocido, una joven blanca Mayella Ewell ve cómo con frecuencia pasa por la calle un negro, Tom Robinson, al que suele pedirle pequeñas ayudas para arreglos domésticos. Un día, la joven besa al negro y éste que ve venir al padre de la joven huye porque sabe que , como así fue, le culparán de maltrato o violación. Mayella es apaleada por su padre, como frecuentemente hace cuando viene bebido, y entre los dos acusan a Tom del maltrato que corresponde al padre cuando observa que es su hija la iniciadora del beso.
Atticus desmembra los argumentos acusadores en el juicio con precisión de especialista quedando así demostrada la inocencia de Robinson pero los jueces, que forman parte de una cultura racista y de una intención perversa, le condenan sin otro motivo que el desprecio.
Atticus ya le había pedido a sus hijos que en sus cacerías de pájaros no se les ocurriera matar a un ruiseñor… En la mente de Harper debió estar la significación histórica y literaria del pájaro que, según Ovidio, es lámpara de sufrimiento. Además, el ruiseñor representa la primavera y el deleite de una música que sólo él puede regalar desde su trino.
…Jesucristo no cambió de golpe el mundo al resaltar la dignidad de todos los seres humanos; Atticus, tampoco. Pero la claridad de su doctrina permanece llameante entre las sombras de cualquier sociedad que siga empeñada en oscurecer las negruras con justicias falsamente probadas.
Es insoportable que muchos de los veredictos en España se conozcan de antemano, según las mayorías políticas de quienes deben ejercer y asistir, asépticamente, el derecho y la verdad. Las leyes no deben ser perforables con venenos o trampas que se manipulen según convenga, como se está haciendo, salvando a quien no procede ni lo merece, y condenando a los que estorban, como Robinson, porque saben demasiado y, además, son negros.
… Aunque matemos al ruiseñor, seguirá llenándonos su música.