La violencia vuelve a golpear con dureza a las fuerzas de seguridad en Pakistán. Al menos seis agentes de policía murieron este lunes tras un atentado con bomba contra un vehículo blindado en el norte del país, un nuevo episodio que pone de relieve la fragilidad de la seguridad en las zonas fronterizas y el alto precio que pagan quienes trabajan para proteger a la población.
El ataque tuvo lugar en la localidad de Tank, en la provincia de Jáiber Pastunjua, una región marcada desde hace años por la inestabilidad y la presencia de grupos armados. Según fuentes policiales, el artefacto explosivo, de fabricación artesanal, estalló cuando el vehículo regresaba a la ciudad tras una patrulla vinculada a una comisaría de la zona de Gomal.
Un portavoz de la Policía local confirmó que los agentes “cayeron como mártires” a causa de la explosión, una expresión habitual en el país para referirse a miembros de las fuerzas de seguridad fallecidos en acto de servicio. Por el momento, ningún grupo ha reivindicado la autoría del atentado, aunque las autoridades no descartan la implicación de organizaciones insurgentes activas en la región.
Tras el ataque, las fuerzas de seguridad lanzaron una operación masiva para localizar a los responsables, desplegando efectivos en la zona y reforzando los controles. El objetivo, según fuentes oficiales, es evitar nuevos ataques y enviar un mensaje claro de que este tipo de acciones no quedarán impunes.
El presidente paquistaní, Asif Alí Zardari, condenó el atentado y expresó su solidaridad con las familias de los agentes fallecidos. En su mensaje, calificó el suceso como un “ataque terrorista” y subrayó el sacrificio de quienes perdieron la vida cumpliendo con su deber.
La provincia de Jáiber Pastunjua, situada cerca de la frontera con Afganistán, es desde hace años uno de los principales focos de inseguridad del país. En esta zona operan grupos armados como Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), conocidos como los talibanes paquistaníes, responsables de numerosos ataques contra civiles y fuerzas de seguridad.
El gobernador provincial, Faisal Karim Kundi, destacó que los policías fallecidos “dieron su vida para proteger a la población y sus bienes” y aseguró que este tipo de acciones no minarán la moral del país. En sus declaraciones, volvió a señalar supuestos apoyos externos a estos grupos, acusaciones que han sido rechazadas tanto por India como por las autoridades afganas.
En los últimos meses, Islamabad ha intensificado su respuesta militar, incluyendo ataques aéreos en zonas fronterizas, alegando la necesidad de frenar la actividad de estos grupos. Mientras tanto, la población local continúa viviendo entre el miedo y la resignación, consciente de que cada atentado no solo deja víctimas, sino también una profunda herida social.
La muerte de estos seis policías vuelve a recordar que, en muchas regiones de Pakistán, la paz sigue siendo un objetivo lejano y frágil, sostenido por el sacrificio diario de quienes trabajan en primera línea de la seguridad.