Para muchas mujeres, el inicio del año llega cargado de propósitos y energía renovada. Sin embargo, también puede ser una etapa agotadora. Cambios de rutina, compromisos sociales, comidas copiosas y menos horas de sueño elevan el estrés, un factor que puede desencadenar o intensificar los síntomas de la menopausia. No es casualidad que, en estos meses, algunas mujeres noten que algo en su cuerpo “no va como antes”.
De hecho, más del 80 % de las mujeres en transición menopáusica experimenta síntomas que afectan a su bienestar y reconoce necesitar apoyo para mejorar su calidad de vida, según datos de Domma. Más allá de los clásicos sofocos o los cambios de humor, existen señales menos conocidas que pueden aparecer incluso hasta diez años antes de la última menstruación y que muchas veces pasan desapercibidas.
Uno de los más desconcertantes es la parestesia. Se trata de sensaciones extrañas como hormigueo, ardor, adormecimiento o pinchazos en la piel, sin una causa externa. Suele aparecer en manos, pies, brazos o piernas y, aunque suele ser pasajera, conviene consultar si se repite con frecuencia o resulta intensa.
Otro cambio habitual afecta a la piel. La bajada de estrógenos altera la producción de ceramidas y colágeno, lo que provoca una piel más frágil, seca y con menor elasticidad. La cicatrización se vuelve más lenta y pueden aparecer o empeorar afecciones como dermatitis atópica, psoriasis o acné, incluso en mujeres que nunca las habían tenido.
El cabello también acusa los cambios hormonales. Es común notar que se vuelve más fino, quebradizo o que cae con mayor facilidad, especialmente en la zona frontal o de la diadema. A la vez, puede aumentar el vello facial, sobre todo en la barbilla. Estos cambios suelen generar preocupación, pero forman parte del proceso hormonal.
Durante esta etapa también pueden producirse alteraciones en el gusto y el olfato. Algunos sabores u olores se perciben de forma más intensa o desagradable, lo que modifica las preferencias alimentarias. En algunos casos aparece el síndrome de boca ardiente, una sensación persistente de escozor u hormigueo que resulta muy molesta.
Por último, están los síntomas gastrointestinales, uno de los efectos menos reconocidos. Hinchazón, gases, distensión abdominal, estreñimiento o diarrea pueden aparecer debido a la disminución de estrógenos y progesterona. Incluso pueden surgir nuevas intolerancias o alergias alimentarias, algo que muchas mujeres no relacionan con la menopausia.
Reconocer estas señales es clave. La menopausia no es una enfermedad, sino una etapa vital que merece atención y comprensión. Escuchar al cuerpo, reducir el estrés y consultar con profesionales cuando algo no encaja puede marcar una gran diferencia. Empezar el año entendiendo estos cambios es, también, una forma de cuidarse mejor.