Sabor a ti

17 de julio de 2026
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Sabor a ti
Reliquia de la mano de Santa Teresa. /FI

La corrupción, salvo milagros o aditivos protectores, es consecuencia de la materia orgánica. Los cuerpos se corrompen, como las voluntades, igual que las ideas, parecidamente como le sucede a las instituciones

Agradezco, aunque sin mucho fundamento, que una prestigiosa periodista de El Mundo se haya referido a mí como especialista en temas teresianos, argumentando la incorruptibilidad de la mano de la Santa, que Franco recuperó, no se sabe bien cómo, gracias a un miliciano que pudo defenderla de las tropelías. En lo aparente, a Franco no le fue con la mano nada mal, quizá por eso nunca quiso desprenderse de ella y, a su muerte, a duras penas la devolvieron.

La corrupción, salvo milagros o aditivos protectores, es consecuencia de la materia orgánica. Los cuerpos se corrompen, como las voluntades, igual que las ideas, parecidamente como le sucede a las instituciones. Pero llega un momento de lucidez personal o colectiva que no permite dentro el olor corrompido y se busca, desesperadamente, el modo de  espantarlo.

El más excelente remedio para alejarnos del asco a la podredumbre lo creó Jesucristo que, conociendo al ser humano como nadie, instituyó el Sacramento de  la Reconciliación, para reconocer el daño y renovar, desde la inocencia, la vida… Lo demás, son ilusiones falsas que siguen oliendo mal, enmiendas increíbles que ya no engañan a nadie. Lo dicho: un buen confesor y a casita. A descansar.

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