Si alguien escucha estos días a un grupo de adolescentes despedirse con un “sesenta y siete” puede pensar que hablan de números. No es así. “67” (six seven) se ha convertido en una de las expresiones más repetidas entre jóvenes en redes sociales y también fuera de ellas. Un guiño, una etiqueta y, sobre todo, una forma de reconocerse.
La fórmula es sencilla: dos cifras que funcionan como contraseña. En TikTok aparece en comentarios y descripciones; en Instagram, en biografías y stories; en WhatsApp, como cierre de conversación. No tiene un significado único y cerrado, y precisamente ahí está su fuerza. Puede equivaler a un “todo correcto”, a un “estamos dentro” o simplemente a una marca de complicidad entre quienes entienden el código.
El fenómeno ha crecido en cuestión de semanas. Varios creadores comenzaron a usarlo de forma repetida hasta que el término saltó de perfil en perfil. Después vino el efecto imitación: cuanto más se veía, más se replicaba. El algoritmo hizo el resto.
A diferencia de otras palabras de moda que nacen con un significado concreto, “67” es deliberadamente ambiguo. No define una emoción específica ni una postura clara. Es versátil. Sirve para cerrar un vídeo, para subrayar una broma o para señalar que algo pertenece al universo compartido de un grupo.
Fuera de las pantallas, la expresión ya se escucha en patios de instituto y reuniones de amigos. Algunos la pronuncian en inglés —“six seven”—; otros, en castellano. El tono suele ser desenfadado, casi cómplice.
Las marcas no han tardado en fijarse. Algunas cuentas corporativas han empezado a utilizar el número en publicaciones dirigidas a público joven. El riesgo es evidente: cuando una jerga juvenil se institucionaliza demasiado rápido, pierde frescura y deja de ser un código propio.
No sería la primera vez que una expresión digital tiene fecha de caducidad. Muchas tendencias nacen, se viralizan y desaparecen en cuestión de meses. Otras, en cambio, logran consolidarse y pasar al habla cotidiana.
Por ahora, “67” cumple su función: marcar territorio generacional. No es tanto lo que significa como lo que representa. Una manera de decir “estamos en la misma” sin necesidad de explicarlo. Y en el lenguaje de internet, esa economía de palabras vale oro.