Las catequistas de la primera comunión nunca se olvidan. Doña Dolores Vázquez de la Torre se llamaba la mía, buena como el pan, de andares lacios y firmes seguridades evangélicas. Siempre buscó la manera más pedagógica para enseñarnos lo esencial evitándonos caer en la ignorancia, que sigue siendo a día de hoy el pecado más grave.
Con los ocho años de aquella época, en la que aún era obligatorio sacar la lengua para comulgar, doña Dolores nos previno que el acto mismo de la comunión era como si estuviéramos chupando una vela… Rosarito, que estaba junto a mí ese día en el reclinatorio, después de recibir al Santísimo, me preguntó: ¿Tú ya has chupado la vela?
La señora vicepresidenta del Gobierno anterior y jefa absoluta del Centro Nacional de Inteligencia, a ratos con las piernas cruzadas, acaba de referirnos en la magistratura que ella se enteró por la prensa de todo lo que se ha dado en llamar Caso Kitchen…
Y hoy me viene nuevamente la memoria de Rosarito que sigue preguntándome: ¿Cuándo chupamos la vela?
Al parecer si no fuera por la prensa nuestros políticos no se enterarían de nada, ni siquiera de lo que por razón del cargo estarían obligados. Como dicen en México «Les debió chupar la bruja», aunque como expresa el autor a alguno no le vendría mal iluminarse con velas.