El jueves a la tarde nos mandaban a la tienda de Collado a por los avíos del potaje cuaresmal:
-Dice mi madre que me despache cuarto y mitad de bacalao, sin mucha cola, que aumenta el peso y no tiene carne.
-Pero da mú buen caldo, apostaba el tendero, que ya se encargaría él de remediar en la balanza la desproporción.
Con receta de monja, mi madre limaba doce almendras, recordando los apóstoles, en el raspador de los limones, al que añadía garbanzos y un hueso de jamón con algunas vetas de la sustancia que tuvo. Delicioso el plato familiar que el resto del año echábamos en falta…
Al repostar hoy gasolina en el sitio de costumbre le ha pedido a la niña rubia que no llene el depósito, como siempre, sino que ponga cuarto y mitad, porque estamos en cuaresma. La niña rubia de la manguera distraída se ha defendido de los precios altos:
-La culpa es de las derechas, que otra vez nos han metido en la guerra .
…Y en su melena dorada se quedaron temblando las palabras.