Su credo es el vandalismo. Su consigna es la destrucción. Su propósito es el renacimiento de la indecencia. Como no son muchos, han de hacer el mayor ruido posible para destacar en medio de una ciudadanía mayoritariamente lúcida y comunitaria. La extrema izquierda, Erc y demás sobresalientes de la demolición, están organizándose para que la visita del Papa a Cataluña pase desapercibida. Parte de culpa corresponde a las estructuras y alevines de un pueblo que sigue alimentando los despropósitos de tanta gamberrada.
Todos estos “rebeldes sin causa” definen el gobierno nacional. Desde sus votos se amamantan las idioteces. Nada extraña, por eso, que la cabeza visible de SUMAR haya ido en ocasiones a visitar al papa con risa descreída y mantilla blanca de princesa impostada. El socio mayor de esta aquelarre, ayer fue también al Vaticano para decir que él no ha sido, que es un socialista bueno, que cree en Dios cuando Dios coincide con él y que España le va a recibir bien siempre y cuando no se meta en política, que no está el horno para bollos ni para encontrar más joyas las cajas fuertes.
¿Cuándo será posible discrepar en este país sin necesidad de hacerse daño?
Pedro Villarejo