Un estudio liderado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) plantea replantear el seguimiento cardíaco de los pacientes con linfoma tratados con antraciclinas y apostar por una vigilancia ajustada al riesgo individual de cada persona. La investigación concluye que aplicar controles intensivos de forma generalizada podría no aportar un beneficio clínico relevante en quienes presentan un riesgo cardiovascular bajo o intermedio.
Las antraciclinas continúan siendo uno de los tratamientos más eficaces frente a distintos cánceres hematológicos, aunque pueden provocar efectos sobre el corazón. Por ello, las guías médicas recomiendan realizar controles cardiovasculares antes, durante y después de la quimioterapia. Sin embargo, la evidencia que respalda esta estrategia en todos los pacientes sigue siendo limitada.
El trabajo, publicado en JACC: CardioOncology, analizó a 44 personas con diagnóstico reciente de linfoma mediante resonancias magnéticas, ecocardiografías y biomarcadores cardíacos. Aunque en algunos casos se detectaron alteraciones compatibles con cardiotoxicidad, la mayoría fueron leves, temporales y no derivaron en complicaciones cardiovasculares durante el periodo de seguimiento.
Los investigadores también observaron que ciertos biomarcadores ya estaban elevados antes de iniciar el tratamiento y tendían a normalizarse posteriormente, lo que apunta a que podrían estar relacionados con la propia enfermedad y no con un daño cardíaco progresivo.
El equipo considera que estos resultados respaldan un modelo de seguimiento más personalizado, capaz de optimizar los recursos sanitarios sin comprometer la detección precoz de posibles complicaciones. Aun así, los autores subrayan que serán necesarios estudios con un mayor número de pacientes y un seguimiento más prolongado para confirmar estos hallazgos.