La aerolínea Ryanair ha vuelto a poner sobre la mesa un debate que lleva años generando polémica en el sector aéreo: el consumo de alcohol en los aeropuertos antes de subir a un avión. Su consejero delegado, Michael O’Leary, ha pedido públicamente que se prohíba la venta de bebidas alcohólicas durante las primeras horas del día y que, además, se limite el consumo a un máximo de dos bebidas por persona en el resto de la jornada.
La propuesta llega después de que la compañía haya detectado un importante aumento de incidentes protagonizados por pasajeros conflictivos durante los vuelos. Según explicó O’Leary en una entrevista concedida al diario británico The Times, hace aproximadamente una década la aerolínea sufría apenas un desvío de vuelo semanal por problemas de comportamiento. Sin embargo, ahora la situación se habría agravado hasta el punto de registrar casi un incidente diario.
El responsable de la compañía se mostró especialmente crítico con la venta de alcohol en horario matinal dentro de las terminales aéreas. “¿Quién necesita beber cerveza a las cinco o seis de la mañana?”, llegó a cuestionar públicamente. Para Ryanair, el acceso tan sencillo al alcohol antes de embarcar estaría favoreciendo situaciones de tensión, discusiones y comportamientos agresivos dentro de los aviones.
Además, desde la empresa consideran que todavía no existe una respuesta suficientemente contundente por parte de las autoridades y los gobiernos para afrontar este problema, a pesar de las consecuencias que puede generar tanto para la seguridad como para la comodidad de pasajeros y tripulación.
En los últimos años, Ryanair ha reforzado su política de “tolerancia cero” ante conductas inapropiadas durante los vuelos. La compañía ya anunció hace tiempo la aplicación de multas económicas que pueden alcanzar los 500 euros para aquellos viajeros que alteren el orden o provoquen incidentes a bordo.
La aerolínea insiste en que el comportamiento irresponsable de unos pocos pasajeros termina afectando al resto de viajeros, generando retrasos, desvíos de rutas e incluso situaciones de riesgo innecesarias. En algunos casos, los vuelos deben aterrizar antes de lo previsto para expulsar a pasajeros agresivos, lo que supone pérdidas económicas importantes y molestias para cientos de personas.
El debate sobre el consumo de alcohol en aeropuertos no es nuevo, pero las declaraciones de Michael O’Leary han vuelto a situarlo en el centro de la conversación pública. Mientras algunos consideran que limitar la venta de alcohol ayudaría a mejorar la seguridad aérea, otros creen que se trata de una medida excesiva que podría perjudicar a negocios de restauración y a viajeros que consumen de manera responsable.
Lo cierto es que cada vez más aerolíneas y profesionales del sector reconocen que los incidentes relacionados con el alcohol se han convertido en un problema creciente. Por ello, Ryanair defiende que es necesario actuar antes de que ocurra una tragedia mayor y reclama medidas más estrictas para garantizar vuelos más tranquilos y seguros para todos.