Aún no sé a qué esperan los responsables para ennoblecer a los señores Amancio Ortega y Juan Roig y solicitarles, por caridad, que acepten ser ministros de Hacienda, de Transporte o de lo que sea, que el clamoroso cansancio de la ineptitud recupere su nervio y la dolorosa lista de parados que hay en España dejen de ser fijos discontinuos, de temporada, interinos… una nomenclatura insostenible que enmascara su verdadero nombre de trabajadores a medias: al final, sufrirán la escasez de sus horas cotizadas.
Cierto es, también, que muchos trabajos no son deseados por los españoles debido al raquitismo de los sueldos, a la insalubridad de las condiciones o al sobrecito que llega, sin hacer nada, a fin de mes. O porque bastantes no quieren prepararse para afrontar la especialidad de sus tareas.
Pregunten a estos dos cíclopes de la industria y las ganancias qué hacer a nivel Estado para que se deje de ganar tan poco y se pueda acceder a la diversidad. Además, tras el pago correspondiente de sus impuestos y generosos regalos a la sociedad, merecerían ser condes o duques o cualquier otra distinción que públicamente les reconozca. Disculpen mi atrevimiento.