¿Qué esperan los venezolanos del señor Trump?

14 de mayo de 2026
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Banderas ondeadas durante una concentración contra la agresión de EEUU a Venezuela, frente a la Embajada de EE UU en Madrid. /EP

Según Blaise Pascal, “el corazón tiene razones que la razón no comprende”. O para ponernos más vernáculos: “Deseos no empreñan”

El lunes pasado, en una de sus acostumbradas ruedas de prensa, el señor Donald J. Trump, se vanaglorió de su popularidad entre quienes, todavía, residen en nuestra amada Venezuela.

“Los venezolanos están realmente felices –expresó textualmente el presidente de EE UU— porque perciben que gracias a mi gestión, están ocurriendo cosas en su país, que ellos no habían visto desde hace más de 20 años”.

Tan convencido está el míster Trump de su popularidad, entre el referido grupo de personas que semanas atrás —el seis de abril, para ser concretos— en medio de una sesión de su Consejo de Ministros, mitad en chanza, mitad en serio, amenazó con que al expirar su actual mandato en EE UU, estaba dispuesto a presentar su candidatura a la presidencia de Venezuela.

Según Blaise Pascal, “el corazón tiene razones que la razón no comprende”. O para ponernos más vernáculos: “Deseos no empreñan”.

A comienzos del presente mes de mayo, fue publicada por la prestigiosa encuestadora Meganálisis, un sondeo de opinión que evidencia que la popularidad del señor Trump tanto en Caracas, como en el interior de la República, ha descendido en caída libre.

Es cierto. Inmediatamente después de la “captura” o “vulgar secuestro” –según la óptica de cada cual— de los esposos Maduro, la susodicha popularidad subió a más del 90% de los encuestados. Pero desde entonces se ha ubicado en un modestísimo 40% con tendencia a la baja. Quiere decir, que en caso de celebrarse, hoy mismo, unas elecciones Presidenciales, la pretendida candidatura del señor Trump a ocupar el Palacio de Miraflores de Caracas, llegaría, como se dice, en el argot hípico, “detrás de la ambulancia”. O de último y muy distante de los primeros lugares para no darle más vueltas al asunto.

Hay quienes atribuyen tal desplome, al nulo avance de la democratización del país, al empeoramiento de la situación económica, a la inflación, a la desaceleración de las inversiones, a la falacia que con la venta de barriles al gobierno de EE UU, se detendría la corrupción que ha campeado fueros en PDVSA desde que se entronizaron Chávez y sus secuaces.

Los detractores de Delcy Rodríguez opinan otra cosa. En concreto la supuesta toxicidad de la referida dama, es capaz de contaminar la imagen de cualquier figura pública o privada. Política o deportiva. Del mundo de la farándula o del intelecto. Eclesiástica o del envite y azar. Hasta la actual jefatura de Estado del señor de EE UU, a causa de tal asociación —o complicidad para algunos— se arriesgaría a un impeachment express de pronósticos reservados, sin necesidad de esperar las elecciones parlamentarias del próximo noviembre.

El cronista, con el debido respeto, discrepa de semejantes teorías. Al señor Trump, lo que le hace falta para recuperar su popularidad en Venezuela es otro preso. No uno del montón, sino alguien con un prontuario, aún más abultado que los capturados o secuestrados el tres de enero pasado. El corolario es muy sencillo: Si el referido encarcelamiento fue lo que catapultó al señor Trump en el fervor compatriota, vale la pena recordar que lo bueno si se repite, es doblemente bueno.

Cuando se habla de la necesidad de un próximo entregado a la justicia de EE UU— según el grosor de su prontuario— millones de dedos acusadores apuntan hacia El Húmedo o El Iluminado de El Furrial, como el susodicho se hace llamar. Lástima que hoy día hasta el más modesto policía municipal puede “ponerle los ganchos” a quien después de todo lo que ha hecho y deshecho, ha sido degradado a las cotas más bajas de bufón, cada miércoles por la noche a través de la televisora del Estado venezolano.

Por igual, queda descartada una nueva Operación Resolución Absoluta para capturar al general Madrino. O para hacer lo mismo con la ristra de sus colegas generalotes, porque después del tres de enero, “por obra y gracia del Espíritu Santo”, cesaron de traficar desde cannabis hasta las sustancias del más alto octanaje.

¿El prontuario más gordo, lo que se llama muy gordo? Y ahí lo tienen: El hermano de su hermana, supuesto colaborador junto a esta última en la ya referida, Operación Resolución Absoluta. Todo vale por una transición democrática y pacífica. Así, cualquiera se vuelve a disparar en las preferencias de todo electorado.

Hasta las simpatías por el propio míster Trump y futuro candidato a la presidencia de Venezuela.

*Por su interés reproducimos este artículo de Omar Jesús Estacio.

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