“La universidad debe ser, ante todo, un centro de libertad y de búsqueda incesante de la verdad.” — Karl Jaspers
La universidad no es solo un conjunto de edificios, aulas y laboratorios; es, en su esencia más pura, una comunidad de espíritus dedicados a la noble tarea de pensar, crear y transformar. Hablar de Nostra Universitaria es referirse a ese sentido de pertenencia y de responsabilidad que tenemos quienes hemos hecho de la academia nuestro hogar y nuestra trinchera de ideas. En tiempos de oscuridad intelectual o de crisis de valores, la universidad debe erigirse como el faro que guía a la sociedad hacia puertos de justicia y racionalidad.
El verdadero universitario no es aquel que simplemente acumula títulos como si fueran trofeos de vanidad, sino aquel que comprende que el conocimiento es una herramienta de servicio. Como profesor universitario, sostengo que nuestra misión trasciende la enseñanza técnica. Debemos formar ciudadanos con conciencia crítica, hombres y mujeres que no se arrodillen ante la mediocridad y que entiendan que la hidalguía académica reside en la coherencia entre lo que se enseña en la cátedra y lo que se practica en la vida pública.
Lamentablemente, asistimos a una época donde se pretende mercantilizar el saber o instrumentalizar la universidad para fines ajenos a su naturaleza. Frente a esto, la Nostra Universitaria debe responder con rigor científico y rectitud moral. La universidad debe ser el espacio donde el disenso sea respetado y donde la luz del pensamiento venza las sombras del dogma. Es en el aula donde se gesta el futuro de una nación, y ese futuro solo será próspero si se fundamenta en la libertad de cátedra y en la autonomía del espíritu.
Vivir la universidad es un acto de fe en la humanidad. Es creer que, a través de la educación y la investigación, podemos superar las flaquezas de nuestra estructura social. Cada clase impartida, cada investigación publicada y cada debate sostenido es un ladrillo en la construcción de una civilización más humana. No podemos ser indiferentes al clamor de un pueblo que busca respuestas; la universidad tiene la obligación moral de ofrecer soluciones nacidas del estudio profundo y no de la improvisación política.
Sigamos cultivando este jardín del saber con la pasión de quienes saben que la verdad los hará libres. Que la academia sea siempre ese lugar sagrado donde la razón y la ética se den la mano, y donde cada uno de nosotros pueda decir, con orgullo y humildad, que ha cumplido con su deber ante las generaciones que vendrán.
“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.” — Nelson Mandela