Hoy jueves, si un milagro no lo remedia, la joven Noelia va a dejar este mundo por voluntad propia, asistida por unas leyes que se lo permiten sin haber estudiado hasta las últimas consecuencias su decisión.
Es difícil meterse en la piel de dentro, en el sufrimiento y circunstancia de cualquier persona que llega a desesperarse por la habitualidad de un dolor que no le abandona entre limitaciones imposibles de remontar. Modestamente creo que tales personas, alienadas por una turbación insostenible, no son libres para decidir y, por tanto, su responsabilidad en el hecho no debiera ser secundada por ninguna ley, debido a un trastorno reparable.
Parece ser que los padres han luchado denodadamente para que no se cumpliera la sentencia apetecida por Noelia, que ha elegido la muerte rennciando a la vida. Aunque no desparezcan del todo, deben existir en los progresos medicinales paliativos suficientes que remedien el caso.
A pesar de los inicios que degradaron su vida, con fe puede que hubiese sido otra la respuesta: Dios la quiere entre nosotros. Él la ayude.
Pedro Villarejo