La neuralgia del trigémino es una de las causas más intensas de dolor facial y afecta en España a más de 35.000 personas, según la Sociedad Española de Neurología. Se trata de un trastorno crónico extremadamente angustiante que compromete el nervio trigémino en un lado de la cara. Quienes la padecen describen el dolor como una descarga eléctrica súbita que puede sentirse en la frente, la nariz, la mandíbula o las encías, con un carácter impredecible que dificulta enormemente la vida diaria.
El nervio trigémino es un nervio craneal fundamental que se divide en tres ramas hacia el ojo, la mejilla y la mandíbula. Cumple funciones tanto sensoriales como motoras: transmite sensaciones de tacto, temperatura y dolor desde el rostro hasta el cerebro, y participa en la movilidad de los músculos masticatorios. Su papel es esencial en la percepción facial y en acciones cotidianas como masticar o notar cambios térmicos.
La neuralgia aparece cuando este nervio comienza a enviar señales de dolor de forma anómala. El doctor Jaime Rodríguez Vico, especialista del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, explica que “la neuralgia del trigémino aparece cuando este nervio envía señales de dolor de forma anómala, sin que exista una lesión visible en la cara”. El dolor suele manifestarse en crisis breves, de segundos o pocos minutos, con inicio y final bruscos y una intensidad severa.
Según la International Headache Society, el diagnóstico se basa en la presencia de al menos tres episodios de dolor facial unilateral, de carácter punzante o eléctrico, desencadenados por estímulos externos como comer, beber, hablar o tocarse la cara. Entre crisis, muchos pacientes están asintomáticos, aunque algunos mantienen un dolor de fondo persistente. El impacto emocional puede ser notable, generando miedo al dolor, aislamiento, ansiedad o síntomas depresivos.
En la mayoría de los casos —entre el 90% y el 95%— la causa es el contacto anómalo de un vaso sanguíneo con el nervio, lo que altera su funcionamiento. No obstante, también puede ser secundaria a enfermedades como la esclerosis múltiple, tumores o lesiones del sistema nervioso. El diagnóstico es clínico, aunque se requiere una resonancia magnética cerebral para descartar causas secundarias y detectar posibles compresiones vasculares.
El tratamiento inicial se basa en fármacos antiepilépticos que estabilizan la actividad eléctrica del nervio. Si no resultan eficaces o no se toleran bien, existen alternativas como la descompresión vascular quirúrgica, técnicas percutáneas o radiocirugía, que consiste en irradiar el nervio de forma precisa en una sola sesión. Aunque el alivio no siempre es inmediato, estas opciones ofrecen altas tasas de control del dolor y pueden mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes.