El periodismo español despide a una de sus voces más reconocidas. Fernando Ónega ha fallecido a los 78 años, según confirmó el diario 65YMÁS, del que era presidente. Con su muerte se cierra una trayectoria marcada por el rigor, la cercanía y una profunda vocación de servicio público.
“España pierde a uno de sus grandes cronistas”, señaló el medio en un comunicado. No es una frase retórica. Durante décadas, Ónega relató la vida política y social del país con una mirada serena y analítica. Fue testigo directo de algunos de los momentos más decisivos de la historia reciente, y supo convertir la información en relato comprensible para varias generaciones de lectores y oyentes.
Nacido en Lugo el 15 de junio de 1947, Fernando Ónega inició su carrera en Galicia. Pronto dio el salto a Madrid, donde consolidó su figura como cronista político. Su nombre quedó ligado para siempre a la etapa de la Transición española, un periodo en el que el periodismo jugó un papel clave en la construcción democrática.
Ónega fue director de prensa de la Presidencia del Gobierno durante el mandato de Adolfo Suárez. Desde ese puesto participó en la redacción de discursos históricos, entre ellos el célebre “Puedo prometer y prometo”, convertido en una de las frases más emblemáticas de la política española. Aquellas palabras reflejaban un momento de esperanza y transformación, y Ónega fue parte esencial de ese proceso comunicativo.
Más allá de su labor institucional, desarrolló una extensa carrera en radio, prensa y televisión. Siempre mantuvo una línea marcada por la independencia, el análisis y el respeto a la audiencia. Su estilo combinaba profundidad y claridad, sin renunciar a la emoción cuando el momento lo exigía.
Fernando Ónega no solo informó; también formó. Fue referente para jóvenes periodistas que encontraron en él un ejemplo de profesionalidad y compromiso ético. Defendió un periodismo que escucha, que contrasta y que no se deja arrastrar por el ruido.
En los últimos años, al frente de 65YMÁS, mostró su interés por dar voz a las personas mayores y por poner en valor su experiencia. Su compromiso con Galicia nunca se diluyó. Siempre reivindicó sus raíces y mantuvo un vínculo estrecho con su tierra natal, según ha apuntado Europa Press.
La capilla ardiente se instalará en la Casa de Galicia de Madrid, donde familiares, amigos y compañeros podrán despedirse. Será un último adiós cargado de reconocimiento a una figura que supo estar en los momentos clave de la historia reciente.
Con su muerte, el periodismo pierde a uno de sus servidores más leales. Pero su legado permanece en cada crónica, en cada análisis y en cada palabra que ayudó a explicar un país en transformación.