El terremoto que devastó Lisboa, Cádiz y llegó hasta Sevilla el día de Todos los Santos de hace 271 años

1 de noviembre de 2026
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Ilustración del terremoto que representa la destrucción de Lisboa el 1 de noviembre de 1755 / iStock

Un seísmo, un tsunami y varios días de incendios arrasaron la capital portuguesa y golpearon Andalucía

El seísmo del 1 de noviembre, seguido de un tsunami y varios días de incendios, arrasó Lisboa y dejó miles de muertos en Portugal, España y Marruecos. En Andalucía, Cádiz, Huelva y Sevilla sufrieron sus devastadoras consecuencias. La tragedia impulsó la reconstrucción de la capital portuguesa y abrió una nueva etapa en el estudio científico de los terremotos.

El 1 de noviembre de 1755, festividad de Todos los Santos, Lisboa amaneció con sus iglesias llenas de fieles. A las nueve y media de la mañana, un terremoto de una violencia extraordinaria sacudió la capital portuguesa. En pocos minutos, buena parte de la ciudad quedó reducida a escombros. Después llegaron las olas del tsunami y los incendios, que durante días terminaron de destruir lo que había sobrevivido al temblor.

La catástrofe, considerada una de las mayores tragedias naturales de la historia europea, dejó una profunda huella en Portugal y España. Su impacto se extendió por el suroeste peninsular y alcanzó también el norte de África.

Más de dos siglos y medio después, el terremoto de Lisboa continúa siendo objeto de investigación. La magnitud exacta del seísmo, la altura de las olas y el número de víctimas siguen sujetos a estimaciones, pero su dimensión histórica y humana está fuera de toda duda.

Tres catástrofes en una sola mañana

El terremoto de Lisboa, cuya magnitud se estima entre 8,5 y 9,0, se prolongó durante varios minutos y estuvo acompañado de distintas sacudidas. Los edificios se desplomaron, las calles quedaron cubiertas de escombros y numerosas iglesias, abarrotadas por la celebración de Todos los Santos, se convirtieron en trampas mortales.

La destrucción fue especialmente intensa en el centro de Lisboa. Se calcula que alrededor del 85 % de los edificios resultaron destruidos o gravemente dañados.

Entre las construcciones desaparecidas figuraban el Palacio Real, la Ópera do Tejo y la Real Biblioteca, que albergaba decenas de miles de libros y obras de arte. La pérdida de este patrimonio supuso un golpe irreparable para la cultura portuguesa.

Pero el terremoto solo fue el comienzo

Minutos después, el mar se retiró en algunas zonas de la costa y regresó convertido en una sucesión de olas que penetraron tierra adentro. El tsunami golpeó Lisboa y otros puntos del litoral portugués, con especial violencia en el Algarve.

A continuación, los incendios se extendieron por la ciudad. Alimentados por los edificios derrumbados y los materiales inflamables, ardieron durante varios días y acabaron de devastar la capital.

La combinación de terremoto, tsunami e incendios explica la extraordinaria mortalidad del desastre.

Las estimaciones sobre el número de fallecidos varían considerablemente. Algunas fuentes sitúan las víctimas en torno a las 60.000, mientras que otras elevan la cifra hasta las 100.000, incluyendo las muertes registradas en Portugal, España y Marruecos.

El tsunami también golpeó Andalucía

La tragedia de Lisboa tuvo consecuencias devastadoras en el litoral atlántico español. Las costas de Huelva y Cádiz recibieron el impacto de las olas generadas por el seísmo.

En Ayamonte y otros municipios onubenses se registraron numerosas víctimas y graves daños materiales. En Cádiz, el avance del agua provocó escenas de pánico y destrucción en distintos puntos de la ciudad y su entorno.

Las estimaciones sobre la altura de las olas varían según las localidades y los estudios. En Lisboa se han documentado alturas de varios metros, mientras que en algunos puntos de la costa atlántica las olas pudieron alcanzar alturas considerablemente mayores.

El impacto del tsunami no se limitó a las zonas costeras. El movimiento sísmico se sintió con fuerza en el interior de Andalucía y dejó importantes daños en Sevilla.

Sevilla, sacudida por el terremoto

La capital hispalense también sufrió las consecuencias del terremoto de Lisboa. El movimiento del suelo provocó el derrumbe de numerosas viviendas y daños en edificios religiosos y civiles.

Las crónicas históricas recogen la caída de remates y elementos ornamentales de la Giralda, uno de los principales símbolos de la ciudad.

El temblor causó daños en cientos de edificios y afectó a miles de viviendas, aunque las cifras exactas varían según las fuentes.

El episodio quedó grabado en la memoria colectiva de Sevilla. La ciudad, que se encontraba a una distancia considerable del epicentro, comprobó que un terremoto originado en el océano podía tener consecuencias devastadoras en el interior de la península.

La catástrofe también dejó una importante huella documental. El rey Fernando VI ordenó recopilar información sobre los efectos del terremoto en los distintos territorios de la monarquía.

Para ello se envió un cuestionario de ocho preguntas a numerosos municipios españoles, con el objetivo de conocer cómo se había sentido el temblor, qué daños había provocado y cuántas víctimas había causado.

Esta iniciativa constituye uno de los antecedentes más importantes de la investigación macrosísmica: el estudio de los terremotos a partir de los efectos que producen en las personas, los edificios y el territorio.

El marqués de Pombal y la reconstrucción de Lisboa

La reconstrucción de Lisboa quedó en manos de Sebastião José de Carvalho e Melo, conocido como marqués de Pombal, primer ministro del rey José I.

Su respuesta al desastre marcó un antes y un después en la historia urbana de Portugal.

Pombal impulsó un ambicioso proyecto de reconstrucción que transformó el centro de Lisboa. Las calles se trazaron con una planificación ordenada, se ampliaron los espacios públicos y se introdujeron nuevas técnicas constructivas destinadas a reducir los efectos de futuros terremotos.

Entre las innovaciones más destacadas figuraba la llamada jaula pombalina, una estructura de madera integrada en los edificios para mejorar su resistencia frente a los movimientos sísmicos.

La reconstrucción no solo permitió levantar una ciudad más moderna, sino que también convirtió Lisboa en un referente de la planificación urbana y la construcción antisísmica.

El nacimiento de una nueva forma de estudiar los terremotos

El desastre de 1755 tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de la destrucción material.

Hasta entonces, muchos fenómenos naturales se interpretaban principalmente desde una perspectiva religiosa. El terremoto de Lisboa provocó un intenso debate sobre las causas de las catástrofes y la relación entre la naturaleza y el ser humano.

Las autoridades comenzaron a recopilar información de forma sistemática, mientras que científicos y pensadores trataron de comprender el origen y el comportamiento de los terremotos.

La investigación de sus efectos contribuyó al desarrollo de la sismología moderna, aunque esta disciplina no se consolidaría como ciencia independiente hasta mucho después.

El terremoto de Lisboa se convirtió así en un acontecimiento fundamental para el estudio científico de los desastres naturales.

Voltaire, Rousseau y el debate sobre el mal

La tragedia también sacudió los cimientos intelectuales de la Europa ilustrada.

El filósofo francés Voltaire reaccionó con dureza ante la magnitud de la catástrofe. En su Poema sobre el desastre de Lisboa, publicado en 1756, cuestionó la idea de que el mundo estuviera organizado de la mejor manera posible.

La misma reflexión aparecería en su célebre novela Cándido, publicada en 1759, donde criticó el optimismo filosófico asociado a la idea de que vivimos en «el mejor de los mundos posibles».

Jean-Jacques Rousseau también intervino en el debate. En una carta dirigida a Voltaire, defendió que la vulnerabilidad humana ante los desastres estaba relacionada, en parte, con la forma en que las sociedades organizaban sus ciudades y sus viviendas.

El terremoto abrió así una discusión sobre la responsabilidad humana, la naturaleza y el sufrimiento que todavía hoy conserva su vigencia.

Una tragedia que cambió la historia

El terremoto de Lisboa de 1755 fue mucho más que un fenómeno geológico de dimensiones extraordinarias.

La destrucción de la capital portuguesa, las víctimas del tsunami en las costas de Andalucía y la devastación provocada por los incendios dejaron una profunda huella en la historia europea.

El desastre aceleró la transformación urbana de Lisboa, impulsó nuevas formas de estudiar los terremotos y obligó a los pensadores de la Ilustración a replantearse algunas de sus ideas fundamentales.

En Sevilla, Cádiz y Huelva, la memoria del terremoto permanece ligada a las crónicas de una mañana que cambió para siempre la percepción de los riesgos naturales en el suroeste peninsular.

El 1 de noviembre de 1755, el mar y la tierra recordaron a Europa que ninguna ciudad, por poderosa que fuera, estaba a salvo de la fuerza de la naturaleza.

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