La mañana del 6 de enero marcó el final de un tiempo extraordinario para la Iglesia católica. El papa León XIV cerró la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, el último umbral jubilar que permanecía abierto en Roma, poniendo así fin oficial al Jubileo de la Esperanza. Con este gesto solemne se clausura el Año Santo iniciado el 24 de diciembre de 2024 por el papa Francisco, tras más de un año de intensa vivencia espiritual y encuentro global.
El rito comenzó a las 9:30 horas y siguió la práctica establecida desde 1975, simplificada durante el Jubileo del año 2000. Ya no hubo cierre con mampostería ante los fieles, sino un acto sobrio centrado en el cierre de los batientes. La fórmula pronunciada resume el espíritu del Jubileo: “Se cierra esta Puerta Santa, pero no se cierra la puerta de tu clemencia”, una invocación que recuerda que la gracia, la misericordia y la esperanza no entienden de calendarios.
El Jubileo de la Esperanza ha sido, también, un acontecimiento de dimensiones históricas. Un total de 33.475.369 peregrinos, procedentes de 185 países, han viajado a Roma durante el Año Santo. Italia encabezó la lista de nacionalidades con más del 36 %, mientras que Europa aportó el 63 % del total, seguida de América del Norte y América del Sur.
El pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, Rino Fisichella, destacó que la clave del Jubileo ha sido su dimensión espiritual. “Hemos visto a un pueblo en camino, con un profundo deseo de oración y conversión”, afirmó. Las basílicas papales y lugares emblemáticos como la Escalera Santa registraron una afluencia sin precedentes. Aumentaron las confesiones y la indulgencia jubilar llegó a millones de personas, reforzando el sentido del perdón y la reconciliación.
El Jubileo también supuso un enorme esfuerzo organizativo. Más de 5.000 voluntarios y 2.000 miembros de la Orden de Malta prestaron apoyo constante a los peregrinos. El subsecretario de Estado italiano Alfredo Mantovano explicó el llamado “método Jubileo”, basado en la coordinación eficaz entre administraciones, según Europa Press.
El alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, subrayó que el evento no restó capacidad a la ciudad, sino que actuó como motor social y económico. Desde la Región del Lacio, Francesco Rocca destacó el refuerzo sanitario, mientras que el prefecto Lamberto Giannini explicó que la seguridad se basó en la prevención y la serenidad, no en la militarización.
Con el cierre de la Puerta Santa concluye un Jubileo histórico. Pero su mensaje permanece abierto: caminar juntos, con fe y esperanza, hacia un futuro de encuentro y paz.