Las prioridades geopolíticas de la Casa Blanca

10 de febrero de 2026
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Trump I EP

La administración Trump sigue considerando a China como un competidor estratégico, aunque con un énfasis ligeramente diferente al de la confrontación militar directa

¿Logrará el presidente Donald Trump su sueño de apoderarse de Groenlandia para proteger a Estados Unidos?

La semana pasada la Casa Blanca se centró en las nuevas conversaciones con Irán sobre su programa nuclear y en la última reunión entre Washington, Moscú y Kiev para poner fin a la guerra de cuatro años en Ucrania. Hasta ahora ninguna de las dos ha producido resultados definitivos y, en ambos casos, el pronóstico es que cualquier tipo de acuerdo está lejos de concretarse.

Mientras tanto, ¿qué pasó con Groenlandia?

Si bien las negociaciones para tomar el control de la isla se han estancado, no significa que Trump haya abandonado sus objetivos.

Un interés en particular va de la mano de implementar un sistema antimisiles «Cúpula Dorada» que proteja a todo Estados Unidos de un ataque nuclear, por eso necesita controlar Groenlandia para convertirla en una enorme base con interceptores de misiles en silos.

Groenlandia se encuentra en el lugar perfecto para interceptar misiles nucleares, que, si alguna vez se lanzaran desde China, Rusia o Corea del Norte, volarían sobre el Polo Norte.

Actualmente, existen silos con interceptores de misiles en Alaska y California, y se ha hablado de la posibilidad de instalar más en el estado de Nueva York.

Estados Unidos solo tiene una instalación de alerta temprana de misiles en el noroeste de Groenlandia.

Una primera línea de defensa en Groenlandia aumentaría significativamente la capacidad para neutralizar armas nucleares enemigas, según los expertos.

Y es que la seguridad nacional del país está en el eje central de la visión geopolítica de Trump y todo lo demás, como alianzas, comercio, diplomacia, se subordina a este objetivo.

En consonancia, asegurarse el dominio en el hemisferio occidental implica un enfoque similar al de la Doctrina Monroe para impedir que potencias extranjeras ejerzan influencia en las Américas.

Esto incluye ampliar la participación militar, económica y diplomática en América Latina y el Caribe, a veces enmarcada en la lucha contra el narcoterrorismo.

Asimismo, el suministro de energía es un aspecto clave para la seguridad nacional.

“Matemáticamente, puedo afirmar que existe una probabilidad, no una posibilidad, de que Estados Unidos no sea autosuficiente en materia energética dentro de diez años”, afirmó Natasha Kaneva, directora general de Investigación Global de Petróleo y Materias Primas en J.P. Morgan Chase & Co., durante un evento en el Council on Foreign Relations.

En este sentido, la especialista consideró que, si bien Venezuela cumple con todos los requisitos, para crear un ambiente óptimo de inversión, las empresas petroleras estadounidenses necesitan del gobierno: seguridad y elecciones.

“Según las cifras que manejamos, en Venezuela operan actualmente alrededor de 500.000 milicianos extranjeros: 15.000 de Hezbolá y 50.000 iraníes, así como el Grupo Wagner de Rusia, que también está muy activo en el país”. Esto ocurre en la zona de influencia de Estados Unidos. En segundo lugar, se necesitan elecciones. Tengo entendido que las compañías petroleras y gasíferas estadounidenses presionaron para que Delcy Rodríguez se convirtiera en presidenta interina. Fue ministra de Petróleo y Gas y conoce muy bien la industria. De hecho, están entusiasmados con ella, pero es una presidenta interina. Se necesitan elecciones, aunque la pregunta más frecuente que recibimos no es quién será el próximo presidente de Venezuela, sino quién será el próximo presidente de Estados Unidos”.

En otro rubro, las nuevas políticas comerciales proteccionistas implementadas por Estados Unidos buscan evitar la dependencia de otros países (sobre todo de China) y asegurar el autoabastecimiento.

Los aranceles de la Sección 232, por ejemplo, son restricciones comerciales impuestas a las importaciones de ciertos productos, que, según el Departamento de Comercio, amenazan con perjudicar la seguridad nacional.

La administración Trump sigue considerando a China como un competidor estratégico, aunque con un énfasis ligeramente diferente al de la confrontación militar directa. Por eso, las medidas incluyen iniciativas comerciales que aseguren el acceso a los minerales críticos, para reducir el dominio chino en esas cadenas de suministro vitales para el desarrollo de nuevas tecnologías.

Y es que, si bien Estados Unidos continúa siendo todavía la potencia más fuerte, su posición está siendo desafiada por competidores emergentes que buscan una transición del poder y la influencia geopolítica.

*Por su interés reproducimos este artículo de Sonia Schott, publicado en el Diario Las Américas.

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