La nueva Babel para cuando reina la confusión y el desconcierto

27 de marzo de 2025
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La nueva Babel
Torre de Babel. /Wikipedia

La principal de nuestras armas ha de ser la razón, pero no en su desalmada versión cartesiana sino más bien la nutrida por el pensar crítico y su variante humanizada por la jugosa enjundia del Saber antiguo

La nueva Babel. Así podríamos definir la situación en la que se encuentra hoy el llamado Occidente. El grado de confusión y desconcierto reinantes carece de precedentes por estos lares. Todo es contradictorio; pocos saben desentrañar la madeja cuyos hilos, al modo de cables malévolos, se imbrican maliciosa y caprichosamente haciendo imposible desanudarla. Una primera contradicción viene del propio término «Occidente» que es precisamente el ámbito geográfico sobre el que se pone el Sol, no el enfático escenario simbólico por donde sale, cuyo significado se altera ideológica y premeditadamente para dotarle/dotarnos de una supremacía histórica, moral y valorativa de la que terminológica y sustantivamente carece y carecemos. Primera trampa.

La segunda trampa vendría dada por ese tóxico etnocentrismo occidental que, si bien troqueló buena parte de la Historia universal desde el Mediterráneo, no puede ya, exhausto y consumido, seguir labrando el futuro del mundo. Y ello tras surgir con voz y fuerza el Sur infinito e inexplorado, que exige con apremio su quehacer en la hechura de la Historia y la Cultura mundiales. Exangüe el eje Norte-Sur, se configura hoy un prometedor eje Sur-Sur lleno de una otreidad civilizacional ilusionante, nueva, a estrenar.

Tercera trampa en la que el desconcierto se asienta es aquella que, de forma intencional, olvida categorías sociales realmente existentes como la clase social: ¿a qué tipo de irresponsable puede pasársele que la sociedad está dividida en segmentos, clases y categorías así definidos por los distintos grados de percepción y vivencia sobre la realidad, determinada ésta por los intereses dispares y antagónicos, mas por la manera de procurarse los medios para subsistir y la posición que en la escala social se ocupa? Bueno, pues ignorantes e irresponsables de este jaez dirigen buena parte hoy de los destinos del mundo. Solo saben comprar y vender armas, para con ellas matarnos. Aquel trivial actor secundario de nombre Ronald y aquella desgracia de mujer apellidada Thatcher acabaron por creerse y hacernos creer que la sociedad no existe y que solo existe el individuo. Lo más grave es que lograron incrustar tal memez en la mollera de millones de gentes. Se trataba de un masivo «sálvese quien pueda» o más todavía un «no hay remedio colectivo a los problemas colectivos, apáñatelas a solas contra los monstruos corporativos y supranacionales, esos si, societarios, que dictan tu existencia».

Una cuarta trampa la compone el olvido de la secuencia y la simultaneidad, el Tiempo y el Espacio del acontecer de la Humanidad y de la Cultura, sacrificados al Moloch tecnológico que lo atrapa todo para ponerlo bajo la férula de un ectoplasma virtual laberíntico, algebraico y algorítmico, de donde muy pocos, salvo un puñado de grupos lúcidos y resistentes, pueden de sus finas garras escapar.

Y una postrera trampa la compone el olvido de que los los verdaderos enemigos de los seres humanos son hoy microscópicos, los virus, y macrocósmicos, los cambios climáticos. Ya es hora de apartar a un lado las sangrientas luchas por la hegemonía política, militar y económica entre Estados noqueados por la ignorancia.

Para atajar el desconcierto rampante y esquivar estas y otras tantas trampas no hay fórmula mejor que la de «cerciorar certezas». Lo cierto es que una de las primeras consiste en aceptar que para derribar tantos poderes injustos, como los que hoy a tantos seres humanos nos afligen, hemos de construir un despoder que los desbarate del todo. Organizarse es la clave. Y la humanidad, la sensatez y la cordura, sus emblemas. Desarmar a los inhumanos será la mejor consigna. Derrocarlos, el mejor logro. La principal de nuestras armas ha de ser la Razón, pero no en su desalmada versión cartesiana sino más bien la nutrida por el pensar crítico y su variante humanizada por la jugosa enjundia del Saber antiguo, aquel obtenido por la feraz mixtura del Egipto alejandrino con el helenismo ptolemaico y la hermética más pura… Solo ese despoder nuevo podrá barrer la escena humana de tanto molesto micropoder, nunca está secuencia a la inversa.

Recobrar saberes, refinar razones, acabar con esta zozobra que nubla la inteligencia y la voluntad de casi todos, es la difícil pero prometedora senda para reconquistar la certeza de que el sentido de la Historia de la Humanidad, de la sociedad y de cada individuo no puede ser otro que la Libertad, emancipada de toda opresión de clase, de toda estulticia de los poderosos, de toda trivialidad de los frívolos y de todo crimen de los genocidas. Escalemos pues, sin vértigo, hasta la cúspide de la Torre de Babel con este mensaje, comprensible por y para todos sus otrora desnortados operarios. Con ellos conseguiremos abatirla y allanar la visión más ancha y transparente del Horizonte.

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