La historia de Aday, un pequeño diagnosticado con un linfoma periférico de células T, se ha convertido en un símbolo de la urgente necesidad de invertir en investigación oncológica infantil.
Tras enfrentar una enfermedad catalogada como ultrarrara —para la cual no existen protocolos de tratamiento específicos ni estudios avanzados—, el pequeño falleció, dejando tras de sí un vacío inmenso pero también una lección de resiliencia y lucha.
Su madre, Patricia González, ha alzado la voz para denunciar las carencias del sistema ante patologías de baja prevalencia.
El proceso de diagnóstico fue, en palabras de Patricia, «devastador». La madre explica que, debido a la rareza de la enfermedad, cuando estos linfomas son detectados, a menudo ya se encuentran en etapas muy avanzadas.
«Cuando les detectan, están en fase cuatro, que es la fase más avanzada, y ya es complicado sacarlos adelante. Y eso es lo que pasó a Aday», relata con dolor a 20Minutos.
Para ella, el desconocimiento clínico es la principal barrera que condena a las familias a un laberinto sin salidas claras, sentenciando con contundencia: «Si te pilla un cáncer raro, estás perdido».
Más allá de su experiencia personal, Patricia se ha convertido en un altavoz para otras familias que atraviesan situaciones similares en las plantas de oncología infantil.
La madre enfatiza que estas unidades «están siempre llenas, llenas de niños como Aday a los que, por no investigar», se les niegan oportunidades de curación.
Su objetivo es transformar el sufrimiento en acción, impulsando la concienciación social sobre la importancia de donar médula y de aportar fondos para estudios científicos.
A pesar del desenlace fatal, Patricia rechaza la lástima hacia las familias afectadas. «No necesitan pena, sino ayuda, medios, investigación», asegura, recordando que el cáncer infantil es una realidad presente que requiere un compromiso colectivo sostenido.
Su labor, reconocida con galardones como el premio Ellas Cuentan, busca precisamente garantizar que futuros casos cuenten con un respaldo científico que, lamentablemente, no llegó a tiempo para su hijo.
Hoy, la memoria de Aday perdura a través de este grito de auxilio que Patricia mantiene vivo. La madre insiste en que, si bien el proceso ha sido la batalla más difícil de su vida, su compromiso es seguir luchando para que ningún otro niño se vea desamparado por la falta de recursos.