La campaña de vacunación antigripal deja este año un dato que preocupa a los expertos: la cobertura entre las personas de 60 a 64 años ha bajado casi cuatro puntos. Si en la temporada anterior se situaba en torno al 35%, ahora cae hasta el 31,6%. La cifra se aleja todavía más del objetivo del 75% marcado para los grupos de riesgo.
El descenso no afecta solo a esta franja, aunque aquí resulta especialmente llamativo. En el conjunto de mayores de 60 años, la vacunación se mantiene prácticamente estancada, en torno al 55%. Además, existen fuertes diferencias territoriales: algunas comunidades superan el 70% de cobertura, mientras otras no alcanzan el 50%. Esta desigualdad dibuja un mapa sanitario con contrastes evidentes.
La temporada, además, se ha caracterizado por un pico temprano de contagios y por la circulación de una variante más cambiante. A pesar de esa mayor visibilidad mediática, la protección no ha aumentado. En cambio, en menores de cinco años —donde la recomendación es sistemática y clara— la vacunación sí crece de forma notable, rozando el 50%. El contraste invita a reflexionar sobre la importancia de los mensajes consistentes y la recomendación activa.
Uno de los factores que explica el retroceso es la baja percepción de riesgo. Más de la mitad de las personas mayores de 60 años que no se vacunan considera que no lo necesita porque goza de buena salud. Sin embargo, a partir de esa edad comienza un proceso natural conocido como inmunosenescencia, que reduce la capacidad del sistema inmunitario para responder ante infecciones como la gripe.
Los especialistas recuerdan que la vacuna no solo previene la infección, sino también complicaciones graves. En mayores de 60 años, reduce el riesgo de infartos, neumonías y descompensaciones cardiovasculares. Aun así, el mensaje no siempre llega con claridad.
Entre las personas con enfermedades crónicas, la situación también preocupa. La cobertura desciende y muchos desconocen el impacto real que la gripe puede tener sobre su patología. Dos de cada tres pacientes con enfermedades cardiovasculares no son plenamente conscientes del riesgo añadido que supone la infección. De hecho, uno de cada tres afirma que se vacunaría si comprendiera mejor esas consecuencias.
La recomendación sanitaria juega un papel clave. Un tercio de quienes se vacunan lo hace por consejo directo de un profesional. Sin embargo, muchos mayores aseguran no sentirse suficientemente informados. Otros señalan que dejaron de vacunarse porque no recibieron un recordatorio.
A esta tendencia se suma la caída en la vacunación frente a la COVID-19, que amplía la brecha entre ambas inmunizaciones. La pérdida de la coadministración deja a parte de la población vulnerable, pese a que quienes la han experimentado valoran positivamente la comodidad del proceso conjunto.