Un valor de los españoles que nace del corazón
Por José Carlos Maldonado
La generosidad se ha definido como el hábito de dar o compartir con los demás, sin recibir nada a cambio. El recordado poeta granadino, y gran persona, Miguel Ruiz del Castillo, escribió en su único libro:
“Hacer las cosas, por las cosas,
Sin esperar recompensa,
Que nunca las rosas
Reclaman su perfume.”
Interpretando al añorado poeta, el más grande de Granada, antes de que escribiera nada. la generosidad es una cualidad que caracteriza a muchos humanos por la disposición a hacer el bien y ayudar a los demás de manera honesta, sin esperar una recompensa. Ser generoso implica compartir, ofrecer apoyo y actuar con un espíritu noble.
No obstante, el poeta libanés Khalil Gibran, da un gran paso más, y nos dice “que la generosidad verdadera no consiste en que me des algo que yo necesito más que tú, sino en darme algo que tú necesitas más que yo.”
A lo largo de la historia, la generosidad ha sido una virtud característica del heroico pueblo español, como diría Quevedo, que tan crítico es casi siempre consigo mismo, aunque haya demostrado inequívocamente, a través de sus hechos, ser un pueblo amable y generoso, pese a la falsa leyenda negra que inventaron sus enemigos históricos, para acabar con el liderazgo español en el mundo.
Hubo y hay algunos españoles sumados al “negroleyendismo”, a pesar de que los hechos ciertos desmontan el falaz empeño de ennegrecer el comportamiento histórico de los hombres que dieron su sangre, su idioma, su dedicación y cultura a más d 450 millones de personas en el mundo.
El pesimista filósofo transilvano Emil Cioran dijo una vez de nuestro país: «Si Dios fuera un cíclope, España sería su ojo». Y es que el Todopoderoso hizo de España el país que tuvo una oportunidad insólita, aquella de erigirse en el mayor imperio de la historia después de haber partido desde la más absoluta nada.
Es imposible encontrar en los dominios de los anglosajones, de los franceses, o de otros pueblos europeos … nativos con títulos nobiliarios o brillantes intelectuales como los que España creó y formó incluso en sus universidades; así el escritor Inca Gracilaso de la Vega, o el nieto de Moctezuma Hernando de Alvarado, Tezozomoc, autor de “Crónica Mexicana, en Español”, o Fernando de Alba, Ixtlxóchitl, mestizo que escribió “Historia de la Nación Chichimec” y su obra maestra “Blas Valera”, que tuvo un gran impacto en escritores posteriores.
Por el contrario, como sabemos todos, hasta no hace tanto, en otros países los negros tenían prohibida su entrada en autobuses, y no digamos en Universidades. Sin embargo, España ya tuvo la grandeza, nada menos que en el Siglo XVI -Siglo de Oro-, de tener un catedrático negro, poeta y humanista, conocido como Juan Latino, que impartía su docencia en la Universidad de Granada, fundada por Carlos I.
No quiero dejar de mencionar eso que era tan preciado como los títulos nobiliarios, para decir que también fueron otorgados por España a nativos americanos, o a sus descendientes, a la par que invito a los amables lectores a que investiguen si hay indios o mestizos con títulos nobiliarios dados por anglosajones. Y no, no los van a encontrar, porque lo que hicieron fue exterminarlos. o recluirlos.
Pero, si encontrarán, sin embargo, que la Condesa de Miralvalle, doña Carmen Ruiz de Luna, es de origen azteca, y que el Duque de Moctezuma, con grandeza de España y orgulloso hispanista, es descendiente del jefe de los mexicas, por citar algún ejemplo. Llegados a este punto, y siguiendo al profesor Gustavo Bueno, la clasificación más profunda de los Imperios, es la de Imperios Depredadores e Imperios Generadores. Los primeros son los que mantienen unas relaciones de explotación, manteniendo las sociedades explotadas en el salvajismo, o destruyéndolas, como el Imperio Persa, el Imperio Inglés o el Holandés.
Un Imperio Generador es, en cambio, aquél que hace posible la transformación de las sociedades vinculadas, en sociedades políticas de pleno derecho. Sólo caben tres ejemplos, el Imperio de Alejandro Magno, el Imperio Romano, y el Imperio Español, que en realidad figura dos veces, puesto que España fue parte importantísima del Imperio Romano, al que aportó tres de sus mejores emperadores, y su mayor filósofo, el cordobés Séneca.
Pero de estos Imperios Generadores, sólo el Imperio español, consideró siempre a sus súbditos como hombres libres, y propició las condiciones precisas para la transformación de sus Virreinatos o Provincias (no eran colonias) en Repúblicas constitucionales.
España, ocupó, al modo romano, las tierras americanas que iba descubriendo, fundando ciudades, universidades, bibliotecas, editoriales, templos, administraciones civiles; mientras que Inglaterra u Holanda creaban factorías, colonias, con gobiernos indirectos.
La superioridad moral de España se hace ver desde el primer momento, con las “Leyes de Burgos o Reales ordenanzas dadas para el buen Regimiento y Tratamiento de los indios”, de 1.512, aboliendo la esclavitud indígena, y reconociendo al indio como hombre libre y propietario que, aun bajo la obligación de trabajo, con salario, como súbdito de la corona, no había de ser explotado. Exime igualmente del trabajo a los menores de catorce años, de ambos sexos, ocupándose tan sólo en tareas apropiadas a su edad. Importantes autores e historiadores las consideran estas leyes de Indias, precursoras de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional.
Como el título de este artículo es “La Generosidad”, me parece apropiado ir concluyendo con una noticia de Fuentes Informadas, que dice así: “España consolida su liderazgo mundial en trasplantes”, “consolidando 33 años consecutivos de liderazgo global en esta área, y continúa siendo un referente internacional”.
El conocido Espíritu Quijotesco del español se define como el comportamiento de la persona que de forma desinteresada y comprometida se embarca en actividades de causas justas, o con imaginados nobles propósitos. A nivel energético, el valor de la generosidad, nace del corazón, por lo que practicarla nos lleva a tener un sistema inmune fuerte, que nos ayuda a combatir esas enfermedades que están al acecho. Por lo cual, yo me pregunto, ¿es tal vez por ello que el español es el pueblo más longevo de occidente?
Estimado lector, si leídos y comprobados estos hechos por usted, sigue creyendo en la falsa leyenda negra, usted es, dicho con inmenso respeto solemne, un tonto del negro agujero.