España vive un momento de máxima tensión en torno a la vivienda. Una encuesta de 40dB para El País y la Cadena SER, con 2.000 entrevistas recogidas a finales de septiembre, pone cifras a esa angustia colectiva.
Los más jóvenes son quienes peor lo llevan. Más de la mitad de los integrantes de la generación Z sigue viviendo con sus padres, sin poder dar el salto a una vivienda propia.
Cuando finalmente logran independizarse, muchos lo hacen compartiendo piso: hay más jóvenes de esa generación en pisos compartidos que viviendo solos. La independencia plena se ha convertido en un lujo cada vez más escaso.
Quienes consiguen alquilar una vivienda tampoco respiran tranquilos. Tres de cada cuatro inquilinos destinan más del 30% de sus ingresos a pagar la renta, y entre los centennials ese porcentaje supera el 84%.
El desgaste no es solo económico, también emocional. Casi tres de cada cuatro inquilinos viven con el temor de tener que dejar su casa en los próximos dos años, un miedo que crece entre los más jóvenes.
Ese malestar se refleja en la opinión pública: más de dos tercios de los españoles apoyan intervenir el mercado para frenar los precios, aunque eso perjudique a los propietarios. El respaldo a estas medidas cruza el espectro político, incluyendo a buena parte del electorado de derechas.
Para quienes aspiran a comprar, el camino pasa casi siempre por los padres. Dos de cada tres propietarios centennials reconocen haber recibido ayuda económica familiar para acceder a su vivienda.
Sin ese respaldo, las opciones se reducen drásticamente. El 83% de quienes no tienen casa quiere comprarla, pero apenas un 26% confía en poder hacerlo en la próxima década.
La ayuda familiar no termina en la compra: también sostiene a muchos inquilinos. Uno de cada cinco recibe dinero de sus padres para pagar el alquiler, una cifra que sube notablemente entre quienes comparten piso.
Tener una hipoteca no equivale a tranquilidad financiera. Más de la mitad de quienes pagan una destinan más del 30% de sus ingresos a esa cuota, un esfuerzo que se intensifica entre los propietarios más jóvenes.
La percepción acompaña a los números: la mayoría de hipotecados considera que paga una cantidad elevada cada mes. Esa sensación de sobreesfuerzo económico atraviesa a casi todas las generaciones.
El diagnóstico es prácticamente unánime: más del 80% de los españoles cree que acceder a una vivienda es hoy más difícil que hace cinco años. Esa percepción se intensifica especialmente en Madrid y Barcelona.
La encuesta llega en un contexto político tenso, apenas días después del desahucio de Maricarmen Abascal y en vísperas de la votación parlamentaria sobre los decretos de vivienda del Gobierno. El debate social y el político avanzan, por ahora, en paralelo