Desde que Dios pidió a Moisés que liderase la liberación del pueblo de Israel, su capacidad humana se vio resentida ante la inmensa tarea de responder a todos e intentar respuestas equilibradas para los muchos conflictos que surgían entre los hebreos hasta llegar a la Tierra Prometida. Jetró, padre de Séfora, abrió los ojos a su yerno haciéndole entender que había de delegar responsabilidades de arbitrariedad en jueces porcentuales entre mil, cien o grupos diferentes, según conflictividad.
Las condiciones de los elegidos debieran ser: “hombres capaces, sinceros y que no busquen ganancias mal habidas” (Éxodo 18). Cualquier prevaricación invalidaría ipso facto la sentencia.
…Entramados de gran consideración se están llevando a cabo en nuestra jurisprudencia. La dignidad pública de los encausados depende, no sólo de la verdad, sino del sesgo interpretativo de aquellos que cada día deben pedirse a sí mismos capacidad y honestidad extrema, asepsia y grandeza moral porque, en la viña del Señor, hay de todo… menos uvas.
Pedro Villarejo